miércoles, 19 de julio de 2017

Capítulo 37

 (narra Louis) Diciembre 21.
Ya casi son las nueve. Tomo la última vuelta antes de llegar a casa de Niall y empiezo a buscar un lugar para estacionarme. Le pongo pausa a la música de mi celular y salgo del coche. Toda la casa de está adornada con luces de Navidad que no había hace un par de días. Cuando entro, los villancicos en el estéreo me llenan los oídos: es White Christmas y ya hay mucha gente aquí, nuestra tonta fiesta de Navidad.
-hola- me dice mientras me acerco a Meg después de que deja un par de vasos en la mesa de centro de la sala
-¿cómo estás?- contesto mientras me abraza rápidamente
-bien-
-¿te ayudo en algo?- le ofrezco
-para eso estoy yo- se ríe Phillip que aparece detrás de ella, me saluda con un gesto
-¿traes porta vasos?- le pide ella girándose hacia él. Todos continúan con la conversación y veo que el árbol de Navidad está lleno de los regalos para el intercambio que planeamos desde hace un mes, o más. Meto mi mano en mi bolsillo para asegurarme de que tengo el mío, pero no lo saco de ahí.
-creo que llegó Zayn- intuye Meg al ver las luces de un coche que se estaciona afuera, frente a la casa
-no, no es su auto- afirma Phillip. Dos personas abren las puertas y se acercan. La reconozco a través de las cortinas, su despeinado cabello, su risa un momento después.
-no es tan tarde- dice la voz de Jane desde afuera –Allie me mandó un mensaje, según esto está a una cuadra- acompaña su comentario con un toque más de risa que parece lanzarse de sus labios y escapar hacia acá por debajo de la puerta de entrada –seguro no ha salido de su casa-. Cuando se abre la puerta veo a Harry acompañando por ella, quien tiene los labios enrojecidos por el frío. Ambos con abrigos y un sentimiento despreocupado como siempre. Pero me dan una sensación extraña…
-hola-. Mi visión se reduce a dos manos. La suya y la de Jane, entramando sus dedos casi con desinterés, como si lo hubieran hecho cientos de veces antes.

(narra Jane. Dos semanas antes: noche del baile)
Diciembre 7.
Cuando llegamos a casa de Niall me estoy quedando tiesa del frío. Tocamos el timbre un par de veces antes de que Harry comience a cuestionarse si Niall está o no aquí pero le aseguro que las luces estarían apagadas si no hubiera nadie. Se quita el abrigo que lleva puesto y me lo pone sobre los hombros sin decir nada.
-estoy bien Harry, quédatelo- le digo mientras se lo tiendo para que lo tome. El niega con la cabeza sin mirarme y vuelve a llamar a la puerta –puedo tomar una cobija cuando entremos- me justifico
-úsalo mientras, no me va a pasar nada- ríe con su agradable sonrisa, contagiándome el buen humor y borrando las trazas de Louis y el enojo que traía. Empujo la puerta cansada de fingir que no sé que está abierta. Escucho el ruido de la televisión arriba y Harry detrás de mí pregunta cómo sabía que no tenía llave la puerta.
-siempre es así- me encojo de hombros -¡Niall, soy yo!-
-¡lo sé!- me alcanza su respuesta -¡sube! ¡están pasando un maratón de películas de Navidad!-
-¡no, ven tú! ¡también vino Harry! ¡Yo haré té!- noto que paran las voces provenientes de la televisión y me encamino a la cocina con el sonido de los pasos de Harry detrás de mí. Pongo la tetera sobre la estufa y enciendo el gas.
-¿qué hacen aquí?- pregunta el rubio cuando llega con nosotros aún terminando de ponerse un suéter cerrado
-ahh…- comienza Harry –Jane quería hablar contigo-
-¿de Allie? No lo quiero escuchar, yo…-
-no, solo no quería quedarme allá- Niall pregunta con la mirada el por qué y me encojo de hombros –adivina…- suspiro con cansancio
-¿qué hizo Louis ahora?- una risa se le escapa a Harry
-me da flojera contarte-
-¡Jane!- exclama el tercero entrando en la conversación con un tono pícaro- ¿qué pasa con Louis?- ruedo los ojos y él ríe más –me parece que le gustas…-
-a todos les parece eso- digo restándole importancia y saco tres tazas de una alacena colocándolas sobre la cubierta
-lo digo en serio “linda”- dice enfatizando la última palabra, haciendo referencia al mencionado chico. Lo miro interrogante y él vuelve a sonreírme provocando mi risa
-no seas tonto, Harry-
-¿alguno de los  dos quiere explicarme qué pasó allá?- cuestiona Niall interesado en el dialogo
-Louis quería hablar con ella y fue brutalmente rechazado-
-es la primera vez que lo trato así, él suele regañarme y dejarme hablando sola todo el tiempo- reclamo buscando la caja donde la mamá de Niall tiene ordenadas las bolsitas de té
-como sea, me divirtió verte allá Jane-
-¿y te fuiste?-
-ya habíamos hablado de esto Niall, te dije que estaba harta- explico haciendo referencia al acuerdo que hice conmigo misma antes del baile
-¿harta de qué, querida Jane?- Harry haciéndose el chistoso me mira como si sospechara algo. A punto de reírse. Me doy vuelta y apago la estufa tomando un trapo de cocina para servir el agua y pasarle su taza a cada quien. –gracias- me dice al igual que Niall, asiento con la cabeza. Nos movemos hacia la sala y los tres nos sentamos a hablar.  -¿tienes azúcar?- pregunta Harry
-está en la cocina- le contesto yo. Él se para y se va hacia allá, mientras yo me cambio de lugar y me siento junto a Niall -¿estás bien?-. Suspira profundamente y mueve la boca en una mueca que hace que pueda notar que aguanta las ganas de llorar. Un momento después, recobrando la estabilidad, se encoje de hombros
-¿qué tal tú?- bajo la mirada hacia el suelo y siento mis cejas formar un gesto de tristeza angustiosa. Me muerdo el labio por dentro y recuerdo sus ojos coloridos. Sus labios de brillantina. Sus manos manejando. Su risa colándose por mis oídos como lavando mis ideas y su voz refrescando mi corazón…que en este momento se siente como una uva chupada y seca. Cierro los ojos en un intento de no llorar pero al instante el agua salada y templada comienza a aparecerse; no hay lágrimas, solo agua entre mis párpados cerrados con fuerza. Siento los brazos de Niall aplastarme contra él abrazándome y me recargo en su cariño. Solo puedo recordar a Louis y a la tranquilidad que me daba estar con él. La fluidez de la conversación, la ternura en su voz y el interés de sus ojos cuando le hablaba. Antes. Siento que mis hombros empiezan a moverse involuntariamente mientras intento sostener la tristeza así que me resigno a llorar.
Luego comenzó a ponerse extraño. No me miraba más, no parecía escucharme cuando le hablaba y un “aja” sustituyó las respuestas sinceras que solía darme. No se me acercaba, dejó de hablarme con su usual cariño que me hacía sentir pequeña y bonita. Se siente como si se hubiera hartado de “nosotros” y hubiera querido alejarse. Tal vez solo es lo que quiero creer. Quizás sí se enteró de que me gustaba y quiso distanciarse para no lastimarme más. Creo que mi cara de desilusión en el gimnasio de la escuela fue tan obvia que se dio cuenta de que tenía esperanzas. Lo único que puedo saber con certeza es que se siente como si fuera un hermano mayor que me hubiera golpeado en el estómago y luego me consolara para que no lo regañaran.
Cuando abro los ojos Harry está sentado en otro de los sillones viendo sus manos fijamente con una mirada amarga, como si un pensamiento molesto nadara en sus ojos. Recojo mi taza de la mesa de centro y le doy un sorbo.
-lamento la pelea hace rato- se disculpa Niall
-ni siquiera lo recordaba- contesto sorprendiéndome incluso a mí con una risa y aún lágrimas sobre el rostro
-¡¿qué música vamos a escuchar?!- anima Harry levantándose con su celular en la mano y me guiña el ojo ágilmente. Conecta su aparato a las bocinas y comienza una canción que hace un tiempo le enseñé. Me sorprende un poco que aún la recuerde pero solo me río. Se acerca a mí, sé que quiere que baile con él pero niego con la cabeza. Toma mi mano y Niall me empuja bruscamente para que me pare. Negando con la cabeza bailo con el simpático amigo que siempre insiste en esto. Me abraza y, poniendo su mano sobre mi nuca, me invita a que recargue mi cabeza en su hombro, huele a una rápida ducha. Escucho la risa de Niall de fondo y los brazos de quien me abraza, entrelaza sus manos detrás de mí. Las luces se apagan dejándonos en la penumbra un momento antes de que se encienda la lámpara de una de las mesitas de la sala. La mano de Harry calienta mi cuello y lo abrazo más fuerte sin querer cuando me dan escalofríos por la diferencia de temperatura que provoca, él se ríe. La voz profunda de Harry canta y cuando la canción se acaba frota mis brazos de arriba abajo como consolándome.
…..
Niall y Harry han estado tomando refresco con un poco de ron que había en la alacena.  Mientras estaba sentada en el suelo encontré un juego de mesa que estaba debajo de uno de los sillones. Enrollada en una cobija y riéndome del estado un poco/demasiado feliz de mis amigos a causa de sus bebidas hemos estado jugando, aunque están casi completamente sobrios.
-casi no hablamos de nada, solo me pregunta de la escuela y siempre le contesto lo mismo- dice Harry hablando de su papá –lo bueno es que me pude ir cuando Allie llamó, le dije que se sentía mal y que estaba sola así que…-
-dejemos de hablar de ella ¿si?- interviene Niall entre risas –…me gustaba su cabello-
-a mí también me gusta su cabello- la conversación es tan liviana que me hace gracia, recojo los dados y avanzo cinco espacios en el tablero. Me levanto rápidamente y entro a la cocina para servirme otra taza de té. Cuando regreso ya es mi turno de nuevo, vuelvo a avanzar
–no tengo ganas de ir a la escuela la semana que queda-
-no creo que hagamos nada importante, solo nos van a entregar calificaciones- dejo mi taza ahí y vuelvo rápidamente por el azúcar -¿tu vas a ir a la escuela, Jane?- dice subiendo la voz para que alcance a oírlo hasta la cocina
-supongo que sí, de cualquier modo cuentan las faltas-. Ambos ponen un gesto que me dice que no habían reparado en eso mientras vuelvo a la sala
-ah…ya que- concluye Niall. Harry está a punto de ganar y tira los dados. Aún faltan tres espacios para que llegue al final. Le doy un buen trago a mi té y tomo los dados para mi turno mientras vuelvo a sentarme.  –¿dónde van a pasar la Navidad?-
-en mi casa, viene mi familia- contesto yo
-yo en casa de mi tía. Pero vive por aquí, no vamos a salir de vacaciones.-
Pasamos la siguiente media hora criticando a nuestra familia y hablando de lo que nos gusta de la fiesta de Navidad con ellos al mismo tiempo; además de un rato de hablar de lo que más nos gusta comer de la cena de ese día. A mí me gusta la gelatina de rompope que hace mi papá, es lo único que sabe cocinar además de cereal con leche. Un rato después Niall empieza a quejarse de lo tonto que fue dejar a Allie, yo me siento pesada y algo mareada.
-no solo fue mi culpa ¿o sí? Me refiero a que…a que…no sé, ella también me hacía sentir mal a veces…- ya no está en sus cinco sentidos, Harry y yo nos reímos con la mirada. Ya estoy cansada y, sumando las tonterías de Niall, decido irme a dormir.
-no, aún no te vayas- me pide Harry sujetando mi mano –quédate Jane- entrelaza nuestros dedos y sinceramente estoy demasiado cansada como para que me importe.
-me siento mal Harry-
-entonces acuéstate ahí un rato, puedes seguir jugando desde el sillón- interviene Niall. Le hago caso y, aunque siento que el piso se mueve en círculos, me paro y me acuesto sobre el sillón tapándome con la cobijita que Niall me dio, ellos se ríen un poco. -¿cuánto serviste en su taza?-
-solo un poco…- mis ojos me pican y mis párpados se cierran una y otra vez mientras yo intento mantenerme despierta, siento que la mano de Harry acaricia el lado derecho de mi cara y me cubre bien con la cobija…


Me despierto sintiendo una humedad pegajosa en la espinilla de mi pierna izquierda. Sin prestarle atención a mi alborotado cabello, comienzo a moverme entre las sabanas intentando descubrir mi pierna; noto que me duele y hago una mueca. Hago caso omiso de dónde estoy. Me siento pesada, como cuando las pocas horas de sueño que consigues solo te hacen sentir más cansancio. Como puedo, jalo finalmente la cobija de franela que me cubre y veo mi pierna por el pequeño espacio que hago al abrir mi parpado derecho. No lo entiendo. Un pedazo mal recortado de gasa está colocado con cinta médica en mi espinilla, tiene una pequeña mancha de sangre. Suelto un suspiro echándole un vistazo al cuarto. Sabanas limpias, la cobija de franela. Encima un edredón que no parece pertenecer aquí, puedo suponer que Niall lo trajo a causa del frío extra. Un tapete, un cuadro en la pared, el closet; las persianas creando una obscuridad casi total con la puerta cerrada: el cuarto de huéspedes del tercer piso. Supongo que es temprano, mi cuerpo no está hecho para dormir hasta tarde aunque me haya desvelado.

-¡Niall!- mi voz sale desde mi caja torácica raspando mi seca garganta y desgarrando el silencio imperturbable. Siento una pequeña punzada sobre la piel de mi pantorrilla y lo vuelvo a llamar, ahora con curiosidad -¡Niall!- Casa de locos, muda como muerta y yo gritando como una señora vieja -¡¡NIAAAALL!!!-
Después de esperar un momento comienzo a escuchar movimiento en la planta de abajo, el deslice de una puerta, el arrastrar de unos pies, el sonido de un vidrio trozándose contra el suelo, el maldecir en la voz ronca de mi amigo, más pasos. Luego un tronido de cristal, Niall se queja de dolor y vuelve a maldecir. ¿Qué carajo? ¿Acaso viene con los ojos cerrados? Me enderezo sintiendo mi espalda como un pesado saco de arena y estiro las piernas sintiendo dolor debajo de la gasa. ¿Qué me pasó? Me paro tambaleándome sobre esas dos varillas inestables llamadas piernas y salgo de la habitación guiándome por la voz de Niall. La luz me ciega y veo manchas negras que poco a poco desaparecen dejándome parada en el tercer piso, el frío es molesto e intenso sobre mi piel. Agarro firmemente el barandal de las escaleras y bajo sintiendo como la tensa piel de mi pantorrilla se estira con cada escalón que bajo. Como entre sueños, puedo notar que uno de estos tiene un poco de sangre seca. La pegajosa sensación me da asco y al pensar un poco más siento nauseas. Niall sigue quejándose, creo que llora un poco.
Él en el suelo sosteniendo su pie, casi aúlla de dolor. Vidrio a su alrededor y, a un metro, las flores mojadas que debieron haber estado en el florero, ahora, destrozado. Tomando en cuenta la poca sangre que hay en el piso no debe de dolerle tanto como parece, está haciendo berrinche. Por Allie. Sino no lloraría esa lágrima. Sin comunicarnos si quiera visualmente, voy “lo más rápido que puedo” al primer piso.
Harry está dormido boca abajo, tirado en uno de los sillones. La botella y el cereal en el suelo. Su espalda desnuda me da más frío. Saco una escoba de la alacena de la cocina y vuelvo al lecho de miseria fingida de Niall para barrer los pedazos de vidrio. Cuando termino ya estoy bastante harta de él.
-tú terminaste con ella.- aclaro sin saber qué esperar como respuesta.
-¿en serio?- pregunta sarcásticamente. Aunque tengo ganas de lanzarle los vidrios, me limito a golpearlo ligeramente en la espalda con la escoba. Él levanta la cabeza para mirarme a los ojos. Como no me dice nada decido preguntarle qué me pasó en la pierna. Me explica cómo me negué a que me llevaran cargando al cuarto de huéspedes y como me lastimé con el escalón, lo dice con risa aunque se calla un momento después. Después habla de que Harry no quiso que me dejaran dormir con la pierna sangrando y me pusieron la gasa, lo cual me trae insípidos recuerdos, como vapores, de haber bailado con él  -¿sabes si ya se despertó?- pregunta refiriéndose al chico tirado en el sillón de la planta de abajo
-parece muerto.- afirmo recordando su imagen –No debieron tomar anoche-
-créeme, ya lo sé- me dice extendiendo su mano hacia mí para que lo ayude a levantarse. –voy a volver a dormirme, son como las ocho. Duérmete tú también. –me abraza recargando su barbilla sobre mi cabeza y coloca su mano en la parte de atrás de mi cabeza. Correspondo su abrazo y decido obligarme a volver a dormir. Aunque ahora me siento suficientemente activa como para hacer desayuno, sé que más tarde voy a terminar durmiendo parada si no vuelvo a la cama. Subo las escaleras regresando al agradable calor de la cobija de franela y el edredón, y me cubro con ellos. El odio progresivo que sentía ayer por Louis, ha reducido tanto que casi se ha vuelto inexistente…al igual que cualquier sentimiento por él. Aún lo quiero pero ya no de esa manera, o tal vez solo estoy cansada.

Recuerdo mi herida y me abstengo de quedarme dormida para mirarla. Me desenvuelvo de las cobijas y toco la tela blanca torpemente colocada. Con cuidado quito uno de los adhesivos que la sujetan a mi pierna, pero cuando me propongo quitar la gasa, noto que está pegada. Las fibras de algodón se unieron a mi piel por medio de la sangre a medio coagular, supongo que no había dejado de sangrar cuando me la pusieron. Cuando me la quite, se arrancará la costra, ¿qué podía esperar de dos chicos mitad dormidos? Intento quitármela pero me duele demasiado y casi estoy dormida, así que lo dejo para después. Me acuesto mientras suelto un suspiro. 

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