Ya casi son
las nueve. Tomo la última vuelta antes de llegar a casa de Niall y empiezo a
buscar un lugar para estacionarme. Le pongo pausa a la música de mi celular y
salgo del coche. Toda la casa de está adornada con luces de Navidad que no
había hace un par de días. Cuando entro, los villancicos en el estéreo me
llenan los oídos: es White Christmas y ya hay mucha gente aquí, nuestra tonta
fiesta de Navidad.
-hola- me dice
mientras me acerco a Meg después de que deja un par de vasos en la mesa de
centro de la sala
-¿cómo estás?-
contesto mientras me abraza rápidamente
-bien-
-¿te ayudo en
algo?- le ofrezco
-para eso
estoy yo- se ríe Phillip que aparece detrás de ella, me saluda con un gesto
-¿traes porta
vasos?- le pide ella girándose hacia él. Todos continúan con la conversación y
veo que el árbol de Navidad está lleno de los regalos para el intercambio que
planeamos desde hace un mes, o más. Meto mi mano en mi bolsillo para asegurarme
de que tengo el mío, pero no lo saco de ahí.
-creo que
llegó Zayn- intuye Meg al ver las luces de un coche que se estaciona afuera,
frente a la casa
-no, no es su
auto- afirma Phillip. Dos personas abren las puertas y se acercan. La reconozco
a través de las cortinas, su despeinado cabello, su risa un momento después.
-no es tan
tarde- dice la voz de Jane desde afuera –Allie me mandó un mensaje, según esto
está a una cuadra- acompaña su comentario con un toque más de risa que parece
lanzarse de sus labios y escapar hacia acá por debajo de la puerta de entrada –seguro
no ha salido de su casa-. Cuando se abre la puerta veo a Harry acompañando por ella,
quien tiene los labios enrojecidos por el frío. Ambos con abrigos y un
sentimiento despreocupado como siempre. Pero me dan una sensación extraña…
-hola-. Mi
visión se reduce a dos manos. La suya y la de Jane, entramando sus dedos casi
con desinterés, como si lo hubieran hecho cientos de veces antes.
(narra Jane.
Dos semanas antes: noche del baile)
Diciembre 7.
Cuando
llegamos a casa de Niall me estoy quedando tiesa del frío. Tocamos el timbre un
par de veces antes de que Harry comience a cuestionarse si Niall está o no aquí
pero le aseguro que las luces estarían apagadas si no hubiera nadie. Se quita
el abrigo que lleva puesto y me lo pone sobre los hombros sin decir nada.
-estoy bien
Harry, quédatelo- le digo mientras se lo tiendo para que lo tome. El niega con
la cabeza sin mirarme y vuelve a llamar a la puerta –puedo tomar una cobija
cuando entremos- me justifico
-úsalo
mientras, no me va a pasar nada- ríe con su agradable sonrisa, contagiándome el
buen humor y borrando las trazas de Louis y el enojo que traía. Empujo la
puerta cansada de fingir que no sé que está abierta. Escucho el ruido de la
televisión arriba y Harry detrás de mí pregunta cómo sabía que no tenía llave
la puerta.
-siempre es
así- me encojo de hombros -¡Niall, soy yo!-
-¡lo sé!- me
alcanza su respuesta -¡sube! ¡están pasando un maratón de películas de
Navidad!-
-¡no, ven tú!
¡también vino Harry! ¡Yo haré té!- noto que paran las voces provenientes de la
televisión y me encamino a la cocina con el sonido de los pasos de Harry detrás
de mí. Pongo la tetera sobre la estufa y enciendo el gas.
-¿qué hacen
aquí?- pregunta el rubio cuando llega con nosotros aún terminando de ponerse un
suéter cerrado
-ahh…-
comienza Harry –Jane quería hablar contigo-
-¿de Allie? No
lo quiero escuchar, yo…-
-no, solo no
quería quedarme allá- Niall pregunta con la mirada el por qué y me encojo de
hombros –adivina…- suspiro con cansancio
-¿qué hizo
Louis ahora?- una risa se le escapa a Harry
-me da flojera
contarte-
-¡Jane!-
exclama el tercero entrando en la conversación con un tono pícaro- ¿qué pasa
con Louis?- ruedo los ojos y él ríe más –me parece que le gustas…-
-a todos les
parece eso- digo restándole importancia y saco tres tazas de una alacena
colocándolas sobre la cubierta
-lo digo en
serio “linda”- dice enfatizando la última palabra, haciendo referencia al
mencionado chico. Lo miro interrogante y él vuelve a sonreírme provocando mi
risa
-no seas tonto,
Harry-
-¿alguno de
los dos quiere explicarme qué pasó
allá?- cuestiona Niall interesado en el dialogo
-Louis quería
hablar con ella y fue brutalmente rechazado-
-es la primera
vez que lo trato así, él suele regañarme y dejarme hablando sola todo el
tiempo- reclamo buscando la caja donde la mamá de Niall tiene ordenadas las
bolsitas de té
-como sea, me
divirtió verte allá Jane-
-¿y te
fuiste?-
-ya habíamos
hablado de esto Niall, te dije que estaba harta- explico haciendo referencia al
acuerdo que hice conmigo misma antes del baile
-¿harta de
qué, querida Jane?- Harry haciéndose el chistoso me mira como si sospechara
algo. A punto de reírse. Me doy vuelta y apago la estufa tomando un trapo de
cocina para servir el agua y pasarle su taza a cada quien. –gracias- me dice al
igual que Niall, asiento con la cabeza. Nos movemos hacia la sala y los tres
nos sentamos a hablar. -¿tienes azúcar?-
pregunta Harry
-está en la
cocina- le contesto yo. Él se para y se va hacia allá, mientras yo me cambio de
lugar y me siento junto a Niall -¿estás bien?-. Suspira profundamente y mueve
la boca en una mueca que hace que pueda notar que aguanta las ganas de llorar.
Un momento después, recobrando la estabilidad, se encoje de hombros
-¿qué tal tú?-
bajo la mirada hacia el suelo y siento mis cejas formar un gesto de tristeza
angustiosa. Me muerdo el labio por dentro y recuerdo sus ojos coloridos. Sus
labios de brillantina. Sus manos manejando. Su risa colándose por mis oídos
como lavando mis ideas y su voz refrescando mi corazón…que en este momento se
siente como una uva chupada y seca. Cierro los ojos en un intento de no llorar
pero al instante el agua salada y templada comienza a aparecerse; no hay
lágrimas, solo agua entre mis párpados cerrados con fuerza. Siento los brazos
de Niall aplastarme contra él abrazándome y me recargo en su cariño. Solo puedo
recordar a Louis y a la tranquilidad que me daba estar con él. La fluidez de la
conversación, la ternura en su voz y el interés de sus ojos cuando le hablaba.
Antes. Siento que mis hombros empiezan a moverse involuntariamente mientras
intento sostener la tristeza así que me resigno a llorar.
Luego comenzó
a ponerse extraño. No me miraba más, no parecía escucharme cuando le hablaba y
un “aja” sustituyó las respuestas sinceras que solía darme. No se me acercaba,
dejó de hablarme con su usual cariño que me hacía sentir pequeña y bonita. Se
siente como si se hubiera hartado de “nosotros” y hubiera querido alejarse. Tal
vez solo es lo que quiero creer. Quizás sí se enteró de que me gustaba y quiso
distanciarse para no lastimarme más. Creo que mi cara de desilusión en el
gimnasio de la escuela fue tan obvia que se dio cuenta de que tenía esperanzas.
Lo único que puedo saber con certeza es que se siente como si fuera un hermano
mayor que me hubiera golpeado en el estómago y luego me consolara para que no
lo regañaran.
Cuando abro
los ojos Harry está sentado en otro de los sillones viendo sus manos fijamente
con una mirada amarga, como si un pensamiento molesto nadara en sus ojos.
Recojo mi taza de la mesa de centro y le doy un sorbo.
-lamento la
pelea hace rato- se disculpa Niall
-ni siquiera
lo recordaba- contesto sorprendiéndome incluso a mí con una risa y aún lágrimas
sobre el rostro
-¡¿qué música
vamos a escuchar?!- anima Harry levantándose con su celular en la mano y me guiña
el ojo ágilmente. Conecta su aparato a las bocinas y comienza una canción que
hace un tiempo le enseñé. Me sorprende un poco que aún la recuerde pero solo me
río. Se acerca a mí, sé que quiere que baile con él pero niego con la cabeza.
Toma mi mano y Niall me empuja bruscamente para que me pare. Negando con la
cabeza bailo con el simpático amigo que siempre insiste en esto. Me abraza y,
poniendo su mano sobre mi nuca, me invita a que recargue mi cabeza en su
hombro, huele a una rápida ducha. Escucho la risa de Niall de fondo y los
brazos de quien me abraza, entrelaza sus manos detrás de mí. Las luces se
apagan dejándonos en la penumbra un momento antes de que se encienda la lámpara
de una de las mesitas de la sala. La mano de Harry calienta mi cuello y lo
abrazo más fuerte sin querer cuando me dan escalofríos por la diferencia de
temperatura que provoca, él se ríe. La voz profunda de Harry canta y cuando la
canción se acaba frota mis brazos de arriba abajo como consolándome.
…..
Niall y Harry
han estado tomando refresco con un poco de ron que había en la alacena. Mientras estaba sentada en el suelo encontré
un juego de mesa que estaba debajo de uno de los sillones. Enrollada en una
cobija y riéndome del estado un poco/demasiado feliz de mis amigos a causa de
sus bebidas hemos estado jugando, aunque están casi completamente sobrios.
-casi no
hablamos de nada, solo me pregunta de la escuela y siempre le contesto lo
mismo- dice Harry hablando de su papá –lo bueno es que me pude ir cuando Allie
llamó, le dije que se sentía mal y que estaba sola así que…-
-dejemos de
hablar de ella ¿si?- interviene Niall entre risas –…me gustaba su cabello-
-a mí también
me gusta su cabello- la conversación es tan liviana que me hace gracia, recojo
los dados y avanzo cinco espacios en el tablero. Me levanto rápidamente y entro
a la cocina para servirme otra taza de té. Cuando regreso ya es mi turno de
nuevo, vuelvo a avanzar
–no tengo
ganas de ir a la escuela la semana que queda-
-no creo que
hagamos nada importante, solo nos van a entregar calificaciones- dejo mi taza
ahí y vuelvo rápidamente por el azúcar -¿tu vas a ir a la escuela, Jane?- dice
subiendo la voz para que alcance a oírlo hasta la cocina
-supongo que
sí, de cualquier modo cuentan las faltas-. Ambos ponen un gesto que me dice que
no habían reparado en eso mientras vuelvo a la sala
-ah…ya que-
concluye Niall. Harry está a punto de ganar y tira los dados. Aún faltan tres
espacios para que llegue al final. Le doy un buen trago a mi té y tomo los
dados para mi turno mientras vuelvo a sentarme. –¿dónde van a pasar la Navidad?-
-en mi casa,
viene mi familia- contesto yo
-yo en casa de
mi tía. Pero vive por aquí, no vamos a salir de vacaciones.-
Pasamos la
siguiente media hora criticando a nuestra familia y hablando de lo que nos
gusta de la fiesta de Navidad con ellos al mismo tiempo; además de un rato de
hablar de lo que más nos gusta comer de la cena de ese día. A mí me gusta la
gelatina de rompope que hace mi papá, es lo único que sabe cocinar además de
cereal con leche. Un rato después Niall empieza a quejarse de lo tonto que fue
dejar a Allie, yo me siento pesada y algo mareada.
-no solo fue
mi culpa ¿o sí? Me refiero a que…a que…no sé, ella también me hacía sentir mal
a veces…- ya no está en sus cinco sentidos, Harry y yo nos reímos con la
mirada. Ya estoy cansada y, sumando las tonterías de Niall, decido irme a
dormir.
-no, aún no te
vayas- me pide Harry sujetando mi mano –quédate Jane- entrelaza nuestros dedos
y sinceramente estoy demasiado cansada como para que me importe.
-me siento mal
Harry-
-entonces
acuéstate ahí un rato, puedes seguir jugando desde el sillón- interviene Niall.
Le hago caso y, aunque siento que el piso se mueve en círculos, me paro y me
acuesto sobre el sillón tapándome con la cobijita que Niall me dio, ellos se
ríen un poco. -¿cuánto serviste en su taza?-
-solo un
poco…- mis ojos me pican y mis párpados se cierran una y otra vez mientras yo
intento mantenerme despierta, siento que la mano de Harry acaricia el lado
derecho de mi cara y me cubre bien con la cobija…
Me despierto
sintiendo una humedad pegajosa en la espinilla de mi pierna izquierda. Sin
prestarle atención a mi alborotado cabello, comienzo a moverme entre las
sabanas intentando descubrir mi pierna; noto que me duele y hago una mueca.
Hago caso omiso de dónde estoy. Me siento pesada, como cuando las pocas horas
de sueño que consigues solo te hacen sentir más cansancio. Como puedo, jalo
finalmente la cobija de franela que me cubre y veo mi pierna por el pequeño
espacio que hago al abrir mi parpado derecho. No lo entiendo. Un pedazo mal
recortado de gasa está colocado con cinta médica en mi espinilla, tiene una
pequeña mancha de sangre. Suelto un suspiro echándole un vistazo al cuarto.
Sabanas limpias, la cobija de franela. Encima un edredón que no parece
pertenecer aquí, puedo suponer que Niall lo trajo a causa del frío extra. Un
tapete, un cuadro en la pared, el closet; las persianas creando una obscuridad
casi total con la puerta cerrada: el cuarto de huéspedes del tercer piso.
Supongo que es temprano, mi cuerpo no está hecho para dormir hasta tarde aunque
me haya desvelado.
-¡Niall!- mi
voz sale desde mi caja torácica raspando mi seca garganta y desgarrando el
silencio imperturbable. Siento una pequeña punzada sobre la piel de mi
pantorrilla y lo vuelvo a llamar, ahora con curiosidad -¡Niall!- Casa de locos,
muda como muerta y yo gritando como una señora vieja -¡¡NIAAAALL!!!-
Después de
esperar un momento comienzo a escuchar movimiento en la planta de abajo, el
deslice de una puerta, el arrastrar de unos pies, el sonido de un vidrio
trozándose contra el suelo, el maldecir en la voz ronca de mi amigo, más pasos.
Luego un tronido de cristal, Niall se queja de dolor y vuelve a maldecir. ¿Qué
carajo? ¿Acaso viene con los ojos cerrados? Me enderezo sintiendo mi espalda
como un pesado saco de arena y estiro las piernas sintiendo dolor debajo de la
gasa. ¿Qué me pasó? Me paro tambaleándome sobre esas dos varillas inestables
llamadas piernas y salgo de la habitación guiándome por la voz de Niall. La luz
me ciega y veo manchas negras que poco a poco desaparecen dejándome parada en
el tercer piso, el frío es molesto e intenso sobre mi piel. Agarro firmemente
el barandal de las escaleras y bajo sintiendo como la tensa piel de mi
pantorrilla se estira con cada escalón que bajo. Como entre sueños, puedo notar
que uno de estos tiene un poco de sangre seca. La pegajosa sensación me da asco
y al pensar un poco más siento nauseas. Niall sigue quejándose, creo que llora
un poco.
Él en el suelo
sosteniendo su pie, casi aúlla de dolor. Vidrio a su alrededor y, a un metro,
las flores mojadas que debieron haber estado en el florero, ahora, destrozado.
Tomando en cuenta la poca sangre que hay en el piso no debe de dolerle tanto
como parece, está haciendo berrinche. Por Allie. Sino no lloraría esa lágrima.
Sin comunicarnos si quiera visualmente, voy “lo más rápido que puedo” al primer
piso.
Harry está
dormido boca abajo, tirado en uno de los sillones. La botella y el cereal en el
suelo. Su espalda desnuda me da más frío. Saco una escoba de la alacena de la
cocina y vuelvo al lecho de miseria fingida de Niall para barrer los pedazos de
vidrio. Cuando termino ya estoy bastante harta de él.
-tú terminaste
con ella.- aclaro sin saber qué esperar como respuesta.
-¿en serio?-
pregunta sarcásticamente. Aunque tengo ganas de lanzarle los vidrios, me limito
a golpearlo ligeramente en la espalda con la escoba. Él levanta la cabeza para
mirarme a los ojos. Como no me dice nada decido preguntarle qué me pasó en la
pierna. Me explica cómo me negué a que me llevaran cargando al cuarto de
huéspedes y como me lastimé con el escalón, lo dice con risa aunque se calla un
momento después. Después habla de que Harry no quiso que me dejaran dormir con
la pierna sangrando y me pusieron la gasa, lo cual me trae insípidos recuerdos,
como vapores, de haber bailado con él -¿sabes si ya se despertó?- pregunta
refiriéndose al chico tirado en el sillón de la planta de abajo
-parece
muerto.- afirmo recordando su imagen –No debieron tomar anoche-
-créeme, ya lo
sé- me dice extendiendo su mano hacia mí para que lo ayude a levantarse. –voy a
volver a dormirme, son como las ocho. Duérmete tú también. –me abraza
recargando su barbilla sobre mi cabeza y coloca su mano en la parte de atrás de
mi cabeza. Correspondo su abrazo y decido obligarme a volver a dormir. Aunque
ahora me siento suficientemente activa como para hacer desayuno, sé que más
tarde voy a terminar durmiendo parada si no vuelvo a la cama. Subo las
escaleras regresando al agradable calor de la cobija de franela y el edredón, y
me cubro con ellos. El odio progresivo que sentía ayer por Louis, ha reducido
tanto que casi se ha vuelto inexistente…al igual que cualquier sentimiento por
él. Aún lo quiero pero ya no de esa manera, o tal vez solo estoy cansada.
Recuerdo mi
herida y me abstengo de quedarme dormida para mirarla. Me desenvuelvo de las
cobijas y toco la tela blanca torpemente colocada. Con cuidado quito uno de los
adhesivos que la sujetan a mi pierna, pero cuando me propongo quitar la gasa,
noto que está pegada. Las fibras de algodón se unieron a mi piel por medio de
la sangre a medio coagular, supongo que no había dejado de sangrar cuando me la
pusieron. Cuando me la quite, se arrancará la costra, ¿qué podía esperar de dos
chicos mitad dormidos? Intento quitármela pero me duele demasiado y casi estoy
dormida, así que lo dejo para después. Me acuesto mientras suelto un suspiro.

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