martes, 25 de julio de 2017

Capítulo 40


(narra Harry) Diciembre 13.
Acostado en su cama siento que nado en su cómodo olor a tierra. Es divertido salir con Jane, no hacemos la gran cosa pero me gusta verla hablándome, además de que me sorprende lo que sale de su boca. Ella me habla desde la silla de su escritorio; la colocó junto a la puerta de su balcón, está abierta pero con las cortinas cubriendo todo. Le doy vuelta a la pelotita de hule espuma de color roja con la que he estado jugando desde hace un rato. Se la quité a Alice mientras ella jugaba a lanzarla contra la pared. Después de un arrebato de dos minutos, y de fingir que no me dolía cuando me golpeaba en la espalda, me la terminó dando por voluntad propia. Cuando termino de contarle a Jane de la vez que casi me ahogo en una ola diminuta en la playa, por ponerme mal el salvavidas amarillo que tenía a los quince, le bajo el volumen a la música de mi celular. Ella se ríe mucho y me dice que un día una ola la revolcó y le arrastró la cara contra la arena, llevándola hasta chocar contra una extraña. Los dos nos carcajeamos y de repente ella comienza a reírse muda, por un momento creo que se va a ahogar y ya no soporto mi panza de tanto reír. Nos calmamos un momento después, cuando Becca nos grita desde el cuarto de al lado que nos callemos, su tono me dice que es en buen plan. Jane estira sus piernas subiendo sus pies sobre su cama.
-qué feos calcetines- comento al ver sus pies, cubiertos por tela de Santa Clauses sonriendo. Le lanzo la pelotita y ella la cacha con ambas manos
-no son míos- se ríe mientras hace bailar sus pies y me devuelve el objeto, yo la atrapo alargando el brazo derecho –son de Alice…a mí me dan miedo de noche- concluye con una mueca y toma su pie levantándolo y torciéndose para que yo vea la parte de su empeine -¿lo ves?-.
-escribiré un cuento macabro de esos calcetines –bromeo volviendo a pasarle la pelotita -para que no puedas dormir en la noche-. Ella niega con una sonrisa y me la lanza con fuerza hacia la cara. Creo que sabía que no me iba a atinar, no luce sorprendida cuando bloqueo su ataque. Comienzo a idear una historia para poder verla reír. -había una vez un par de calcetines suaves y calientitos que cubrían los pies de una linda castaña el día de Navidad- Jane me mira interrogante con una sonrisa de lado y le guiño el ojo, se ríe con un toque de nerviosismo que me encanta -tenían un horrible estampado de Santa Clause que miraba con grandes ojos fijos a la propietaria- ella reclama gritando mi nombre y yo me río para seguir: -todo iba bien hasta que la noche de Navidad, Jane se quedó dormida a lado de la chimenea…-
-Jane...- comenta ella -¿no podías inventar a alguien más?-
-dije “linda castaña”, creí que era obvio- suelta una pausada exhalación como intentando sostener sus nervios. Casi lo logra pero, si miro con cuidado, puedo notar un ligero tono rojo entre su cuello y su cara -así que...los ojos de Santa Clause malvado brillaban mirando las chispas del fuego, ¡y cobró vida!-
-¡¡Harry!!- vuelve a quejarse y parece buscar algo con que golpearme
-y luego...- me interrumpe mi propia risa cuando se me ocurre lo siguiente -y luego...- vuelvo a intentar pero mi carcajada me gana
-¡¡¡heey!!!- ella se para y viene hacia mí, pero no me hace nada. Me arrebata la pelotita roja y retrocede el brazo para lanzarla fuerte, yo cierro los ojos cubriendo mi cara esperando el golpe. Pero no lo siento y abro los ojos un momento después, ella burlándose de mí con la pelota aún entre sus dedos. -qué lista- la halago de mala gana y ella se sienta en la orilla de la cama a lado de mis pies -los calcetines llevaron a Jane dormida hasta la chimenea ¡¡donde se quemó su cuerpo!!- cuando termino mi historia ella se ríe negando con la cabeza.
-todo se quemó excepto los calcetines, que amanecieron intactos sobre las cenizas. –añade ella -Y luego fueron a poseer a sus próximas víctimas, los pies de Harry Styles-
-lo bueno es que no pudieron hacer nada porque no le cupieron en los pies a Harry- contraataco
-¡¡oye!! ¡¡no puedes salir ileso!!- me grita riendo
-¡¡es la verdad!! ¡¡Obviamente no me quedan tus calcetines!!- declaro señalándolos con la cabeza. Ella ya no encuentra qué contestar y me tira el juguete con fuerza, pegándome en el cuello. La pelota rueda por la alfombra y me pongo de pie lo más rápido que puedo para recogerla; pero Jane hace lo mismo, tirándose al suelo para llegar primero, gateando para agarrarla. En su camino, la cargo por la cintura y la lanzo hacia su cama. El cuarto cargado de nuestras risas. Cuando ella la toma, peleamos un momento hasta que logro desdoblar sus dedos y sacar la pelota de sus garras. La aviento hacia ella pero, por mi mala puntería, solo consigo que esta rebote contra la pared de atrás y caiga en su escritorio. Ambos nos acercamos y revolvemos las cosas, tirando algunas al suelo, intentando agarrarla torpemente. Yo salgo ganador de nuevo y la lanzo pegándole en el hombro. Ella va en busca de la pelota caminando sobre su cama con las rodillas. Me la tira a la cara volviendo a pegarme, tiene mejor puntería pero soy más rápido. Esta cae en el suelo, en medio de los dos. Después de una mirada asesina por parte de ambos, nos lanzamos por ella. Al agacharme, chocan nuestras cabezas y se detiene para sobarse la frente. Riéndome a carcajadas, recojo la esfera de hule espuma. Me paso la pelota de una mano a la otra ágilmente y la paso por detrás de mi espalda confundiéndola, parece que juego con un gatito.
-¡¡Harry!!- yo no aguanto sentir ternura de ella mientras me sigo riendo. Después de un momento de mover la pelotita, viendo a Jane incapaz de quitármela se la lanzo directamente para que la atrape. La sujeta con ambas manos y me quedo frente a ella para que me pegue, ella me mira interrogante –le quitas lo divertido- me pega en el pecho con la pelota y atrapo a mi divertida “amiga” en un abrazo. Escucho su risa y el timbre de la casa de fondo, siento sus manos contra mí intentando zafarse. Al final, se escapa por debajo de mis brazos. Ella está despeinada como si hubiera rodado en el jardín, aún riéndonos, despeja su cara colocando su cabello detrás de sus orejas. Centellas bailando en sus ojos.
-Jane…- Alice recargada en el marco de la puerta viendo la escena extrañada –Jane.- repite con más convicción. Ella busca de dónde viene el sonido –otra vez está aquí-
-¿quién?- pregunta sin soltar la sonrisa que le regalé mientras se sienta en su cama después de recoger la pelotita
-Mr. Bean- su voz sarcástica se burla de ella -¿quién crees Jane?- pregunta obvia
-agh…dile que no estoy- se queja dándole vueltas a la pelotita, mirándola disgustada
-esta abajo- la corta Alice dándose vuelta para irse –te está esperando-
-¿Qué le dijiste?- interroga molesta subiendo la mirada
-que bajarías- explica Alice rodando los ojos con las manos estiradas para que se sequen sus uñas
-¡Alice! ¡No!- reclama de nuevo; no entiendo nada aunque tengo una ligera sospecha de quién es. Suelto una risa mirando a Jane, me hace gracia, como siempre
-¡no lo sabía, lo siento! El otro día que te dije que había venido a buscarte no hiciste nada- objeta Alice
-¿qué? Agh…- apoyada con los antebrazos en las rodillas, pasa sus manos por su rostro. Por un momento se queda recargada escondiendo su cara. Escucho un suspiro–ahora vengo-. Enfatiza las palabras hacia mí como especificando que no quiere que vaya. Se pone de pie y sale con pasos firmes cerrando fuertemente la puerta detrás de ella. Alice me mira con una cara molesta y se encoje de hombros sin saber qué hacer. Le sonrío y señalo la puerta con un movimiento de mi cabeza, acercándome hacia allá. Pego mi oído sobre a superficie y Alice me devuelve la sonrisa cuando comprende qué hago, me imita.
-Louis ¿qué haces aquí?- tenía razón, es él. La voz de Jane no parece querer ocultar su enfado, suelto una risa
-quería verte- ruedo los ojos sin darme cuenta, siento mi ceño fruncido. No escucho nada por un momento y me acomodo mejor sobre la puerta. No sé si están callados o no logro oír
-aún estoy enojada contigo, ¿lo sabes, verdad?- Alice frente a mí abre pronunciadamente los ojos ante esa contestación. Yo me tapo la boca con la mano para que no vayan a escucharme
-¿qué? Jane, ¿por qué?- la niña frente a mí y yo tenemos que hacer un gran esfuerzo para mantener nuestras bocas calladas. No hay más, la discusión se queda en la planta baja y Alice hace una cara de queja.
-yo quería saber qué pasaba- se recarga de espaldas en la pared cruzándose de hombros
-qué mala- la regaño en broma con una sonrisa. Aléjate de la puerta, no quieres que ella te encuentre ahí- le aconsejo yendo hacia el escritorio. Levanto un par de cosas que tiramos hace rato. Unas tijeras, un libro, un par de pedazos de hojas. La puerta principal suena con fuerza al ser cerrada. ¿Lo sacó de la casa? ¿O él se fue?... Me acerco a la ventana para ver a Louis cruzando la calle pero su expresión corporal no me da ninguna pista. Alice se sienta en la cama de su hermana y yo me siento a su lado en el suelo, esperando a que llegue.
Después de un minuto, me extraño de que aún no haya regresado, y salgo del cuarto con cuidado. Me asomo por el barandal de la escalera y bajo hasta ella, está recargada en la puerta con las manos cubriendo sus ojos. Frustrada. Me detengo frente a ella; al parecer se da cuenta de mi presencia de algún modo porque se quita las manos del rostro parándose derecha como si no ocurriera nada, en el fondo de sus ojos hay algo más.
-¿estás bien?- asiente con la cabeza con despreocupación y una sonrisa, pero parece muda. Inclino mi cabeza pensando un poco, buscando algún signo de sentimiento alguno en ella. Instintivamente tomo su mandíbula, con mis pulgares a un lado de sus ojos, y dirijo su cara hacia mí viéndole bien la mirada. Luego la volteo para verle la parte izquierda, ella se ríe y la vuelvo a girar. Levanto un mechón de su cabello como revisando sus oídos, después abro bien uno de sus ojos con mi pulgar y mi dedo índice. Ella vuelve a reírse y le sonrío mientras finjo tomar su temperatura de la frente. –además de la extraña mirada de sentimientos encontrados, no veo ningún mal, señorita Burnett- me mira como disculpándose y baja la vista –mi recomendación es alejarse de ese muchacho, solo le ha causado tristezas- la abrazo sintiéndola aún intranquila y sin corresponderme –Jane…-
-¿estoy mal?-  se separa de mí mirándome preocupada
-acabo de decir que estás b…-
-no, no- me interrumpe empezando a respirar fuertemente –me refiero a…¿no estoy mal estando aquí, contigo? Louis también estaba y…vino…y yo…- sus pensamientos se tropiezan en su boca y traga saliva
-Jane escúchame, no tienes que hacer nada ¿sí? No tienes que preocuparte por los demás y lo que piensan ¿okay??- me mira y asiente rápidamente. Acaricio su cabello en la parte de atrás de su cabeza y la acerco a mí para poder abrazarla de nuevo.
-¿vamos arriba? Quiero saber si en verdad no te caben los calcetines-
….


(narra Jane) Diciembre 16.
<<¿qué has estado haciendo? Pareces desaparecer en la nada>>. Mensaje de Allie. Así que Harry no le ha dicho nada, supongo. Esa expresión ya me la había dicho, hace poco. El día que Louis fue a mi escuela y Allie  le ayudó para que me quedara un rato más, hasta que él llegó. Un mensaje de mi amiga me preguntaba a dónde había ido, “pareció que desapareciste de la nada”. Sí: cuando llegué a la esquina caminando, Harry ya me esperaba ahí.
Suelto un suspiro y me quedo pensando en que suspiro demasiado seguido. Sobre todo últimamente. Doblo las esquinas del papel navideño para terminar de envolver mi regalo para el intercambio, antes, escucho el timbre. Me levanto del comedor y echo un vistazo por la mirilla de la puerta antes de abrir. No solía hacerlo, pero he adquirido la costumbre los últimos días. Abro la puerta y Harry entra detrás de mí. Viene tan seguido que ninguno dice “hola”, es casi como si nunca se fuera.
-¿qué haces?- pregunta siguiéndome al comedor
-envolvía esto- contesto mientras me siento y pego los extremos del papel, Harry me quita la botellita de pegamento blanco mientras se ríe, como siempre
-Jane, ¿sabes que existe la cinta?- inquiere irónicamente. Me volteo a verlo con una mirada interrogante y risa en los labios. Intento tomar el pegamento y lo aleja un poco de mí –INFLAMABLE- lee de la etiqueta –¿quieres hacer un experimento con cerillos?- bromea
-¿Qué tal si le prendemos fuego a tu cabello?- él me regaña usando mi nombre y me río. Luego deja la botellita en la mesa y yo continúo pegando la envoltura. No encontré la cinta en el cajón.
-¿qué vas a contestarle a Allie?- sin voltearme, doy por hecho que él ya tomó mi celular de encima de la mesa
-no sé…- contesto pensando un momento –supongo que…le diré que he estado  contigo, ¿por qué mentiría? - me encojo de hombros aún concentrada en mi trabajo. Cuando acabo de cerrar mi regalo, escucho que mi celular vibra y Harry se ríe. Me mira con una sonrisa traviesa y le quito mi celular. “Mensaje De Allie: ¡¿QUÉ?!” Sin entender, entro a la conversación, leyendo el mensaje que Harry envió por mí: “Harry y yo somos novios”. -¡¡hey!!- reclamo dándole un pequeño empujón en el hombro, siento nervios y pienso qué decirle a Allie. -¡¡Harry!!-
-dijiste que no dirías mentiras- aún se ríe y se acerca como para besarme, me palpita el corazón rápido. Giro mi cara hacia un lado y le alejo la cara con una de mis manos.
-no somos novios- le aclaro entre dientes con las cejas bailando de frustración y nervios, no quiero que mi familia vaya a escuchar. Me desmayaría de pena.
-¿y no quieres ser mi novia?- sencillamente suelta las palabras de su boca estampándose en mi rostro como besos. Harry me tiene fuera de mi zona de confort las veinticuatro horas del día, y esta vez fue más lejos. Retuerzo mis manos sin saber por dónde debo empezar para que entienda. Pero al final, sé que en realidad sabe todo lo que pienso y lo hace a propósito.
-no Harry- suspiro con una risa mientras niego con la cabeza. Me guiña un ojo sonriendo, sus acciones parecen inconexas de todo. Es como una película con el  audio equivocado. Atarantada y confundida me quedo ahí viéndolo, él toma mi cabeza como siempre y me da un beso en la frente.
-te volveré a preguntar más tarde- responde prestándole poca atención -¿nos vamos ya?-. A fin de cuentas, no quiero que él se vaya. Aunque no esperaba salir, me encojo de hombros y me acerco a la puerta donde dejé mis botas. Me las pongo y tomo mi abrigo del perchero. Harry me lo quita de las manos y lo tiende para que yo me lo ponga.
-¡regreso más tarde!- grito para que todos en mi casa escuchen -¡voy a salir!- él coloca bien los hombros del abrigo sobre los míos y abro la puerta rápidamente. No quiero que vengan a hacerme preguntas de a dónde vamos, solo quiero salir de aquí. Con Harry.
-¡Jane!- escucho en la parte de arriba. Me río y empujo a Harry afuera quien me mira un poco incrédulo mientras cierro la puerta detrás de mí. Vuelvo a oír mi nombre y salgo corriendo junto a él hacia el coche, dejando huellas en la nieve. Nos subimos a este y Harry mete las llaves lo más rápido que puede. Me río y arrancamos sin que sepa nada más de mi mamá. Harry parece aún más divertido que yo, complacido de cómo me fui. Ni siquiera pregunto a dónde vamos, me da igual. Saco mi celular al recordar el mensaje de Allie y miro un momento la pantalla dónde se ve la conversación.
-¿qué vas a decirle?- pregunta adivinando lo que hago. Lo pienso un segundo y me encojo de hombros relajándome sobre el asiento.
-nada…- él se ríe y lo volteo a ver. Un momento después, al fijarme en la ruta que llevamos, entiendo que vamos a su casa. Él se estaciona metiendo el auto en su garage y salimos del coche, entrando a su casa por la puerta en garage, que lleva a la cocina.
-hola- se anuncia Harry. Supongo que es su hermana quien está cocinando algo. Gemma.
-creí que tardarías más- comenta volteándose. Cabello rubio con las raíces despintadas, no es exactamente lacio;  ojos muy grandes –hola- me saluda algo sorprendida.
-hola- contesto jalando mis mangas para que me cubran hasta donde mis dedos inician, hace mucho frío –Me llamo Jane-.
-sí, lo sé.- se ríe mirando a Harry un momento –Gemma.- un momento después se gira de nuevo hacia la estufa -¿alguien quiere ponche?- pregunta. Harry me mira con los ojos bien abiertos como recordándome de la advertencia de la bebida.
-sí, gracias- respondo haciendo caso nulo de él. Ella sirve ponche y me lo da complacida
-¿Harry?- le ofrece ella preparando otra taza
-Gemma…sabes que lo odio- se excusa poniéndose la mano sobre la nuca –es asqueroso-. Después de tantos insultos a este, decido probarlo. Cuando toca mis labios, lo escupo rápidamente a la taza de nuevo. Me quema y siento que mis heriditas de los labios me arden. Harry comienza a reír a carcajadas -¿ves?- dice confirmando su opinión pensando que no me gustó. Gemma me mira sin entender
-perdón- toso mientras pongo mi mano sobre mi boca –me quemé-. Ambos se ríen un poco
-olvidé decirte que estaba caliente- comenta ella
-da igual- le resto importancia –me pasa seguido, tengo la lengua quemada siempre. Ya ni siquiera es totalmente rosa-. Le soplo a mi bebida disfrutando el calor que me da en las manos e intento probarlo. –está muy rico- le agradezco a Gemma –no lo escuches- hago referencia a Harry señalándolo con la mirada
-¿te vas a quedar a cenar?- me invita sonriendo
-sí- afirma Harry por mí antes de que yo pueda pensar cualquier cosa
Mientras le ayudo a Gemma a poner los platos sobre la mesa, pienso en qué momento me metí en todo esto. Hasta hace tres semanas, Harry y yo solo salíamos cuando nos veíamos con todos en casa de Niall. La pequeña mesa de madera de la cocina ya tiene vasos, platos y cubiertos para los tres. Gracias al cielo, la mamá de Harry no va a llegar hasta tarde, no hubiera soportado todo eso. -¿Jane?- por un instante mi nombre no me sugiere nada

-¿qué?- balbuceo cuando vuelve mi consciencia, Harry suelta una risa
-¿puedes sacar las servilletas?- repite Gemma señalándome la alacena, asiento con la cabeza y hago lo que me dijo. Ella sirve tres platos de lo que cocinó y Harry los deja en la mesa, los tres nos sentamos. Gemma frente a mí y Harry a mi derecha en la cabecera
-moría de hambre- suelta Harry atascándose de carne la boca  -hace mucho que no probaba tu comida-
-gracias Gemma- me río de Harry y él me voltea a ver con una mirada linda, como si me tuviera ternura. Bajo la vista y me pongo a comer
-¿son novios?- pregunta Gemma señalándonos ligeramente con su cubierto, siento calor debajo de la mandíbula.
-eso espero...- "murmura" Harry suficientemente alto, busca mi mirada exitosamente. Yo me quedo callada sin saber qué hacer -¿cierto Jane?- de nuevo intenta ponerme nerviosa a propósito
-ya- suelto una risa regañando a Harry tan incómoda como sea posible
-¿ya, qué?- sigue con sus ganas de molestarme, entrometiendo su cara frente a mi propio rostro
-ya...- no me sale nada más, cubro mi cara con mi mano derecha intentando bloquearlo. Gemma suelta una risa ante su insistente hermano. Siento que toma las puntas de mis dedos y los aparta de mi rostro
-no entiendo...- finge mientras se acerca a mí, entorpeciéndome -¿ya quieres ser mi novia?-
-eres imposible- suspiro sacudiendo mis manos haciendo que me suelte, un tanto divertida
-¡eso no es una repuesta!- me reprocha arrebatándome mi tenedor
-ya déjala en paz Harry, se va a hartar de ti- interviene Gemma riéndose de ambos. Harry me acerca el tenedor, y cuando lo voy a tomar, vuelve a alejarlo. Me río y él me sigue, luego él me devuelve el cubierto y me acaricia el cabello, acomodándolo detrás de mi oreja. -¿qué han estado haciendo en vacaciones?-
-nada...salimos hace muy poco de clases- contesto mientras como un poco de pasta
-fuimos a un museo- le cuenta Harry siguiendo con la conversación -a Jane le gustó el beso- comenta con una sonrisa de lado haciendo que mi estómago se revuelva
-¿"El Beso"?- pregunta Gemma sin entender de qué habla
-un cuadro…- aclara Harry restándole importancia, pero me guiña un ojo. Estoy segura de que me sonrojo, y bajo la mirada presionando mis labios  -¿me pasas la sal, linda?-
-no me llames así- le advierto hablando en serio, sé que se refiere a Louis
-¿alguna razón específica?- me mira fijamente con una sonrisa traviesa como escudriñando mi rostro, Gemma parece no entender nada. Me estiro para darle un empujón en el hombro, un poco molesta. -bien, bien- se disculpa con una voz dura poniendo su mano en mi nuca y "arreglando mi ceño" con la otra, por un momento todos nos quedamos callados. Yo tomo más comida con mi tenedor, luego escucho un susurro: –aún te gusta…-
-¿por qué siempre hablas de eso?- niego con la cabeza soltando un suspiro hablando en voz baja, él se encoje de hombros
-es verdad- afirma sin dejar lugar a dudas, siento su mirada sobre mí.
-él no me gusta- muerdo el interior de mi labio sintiendo las trazas del dolor que me dejó mi amigo castaño; es cierto lo que le digo a Harry, pero de todos modos me hace sentir triste el que haya desaparecido mi relación con él.
-¡no te gusta, pero no quieres ser mi novia!- me grita soltando su cubierto ruidosamente sobre el plato
-¡Harry!- le reclamo sin saber qué hacer. Sí, no quiero ser su novia ¿por qué sigue insistiendo? Me hace sentir mal cada vez que debo rechazar su pregunta
-¡¡entonces te gusta!!- él se pone de pie bruscamente y escucho cómo su silla choca con el mueble de atrás.  Gemma murmura el nombre de su hermano para persuadirlo de que se calme. Él pasa una mano por su cara y se encamina a la salida
-¡¿no estoy en tu casa?! ¡Harry, estoy contigo!- desesperada con él, intento que me escuche y alcanzo su muñeca para que no se vaya, él se voltea a verme -¡ni siquiera quería salir contigo y aquí estoy!- eso no sonó como esperaba –me refiero a que…Harry, no te enojes conmigo…- lo abrazo y siento sus manos en mi espalda, luego una caricia en mi cabello
-¿te gusto?- siento mi corazón palpitante y tengo la sensación de que subirá hasta mi garganta. Simplemente me quedo ahí, con el rostro pegado a él y mis ojos cerrados. Huelo su suéter sabiendo que es un buen sentimiento. Es casi como si me quedara dormida por un instante ahí, pero sus fuertes manos me apartan despectivamente despertándome. Harry se va después de echarme una mala mirada. Volteo a ver a Gemma sin saber qué hacer.
-qué dramático- se queja mientras sigue comiendo –deberías subir- me aconseja. Asiento con la cabeza, ella lo conoce. Subo las escaleras y entro a su, ya familiar, habitación echa un desastre.
-deberías irte con él- suena verdaderamente dolido –si es que lo quieres… No tiene sentido que estés aquí, ya lo dijiste-
-eso no es lo quería decir-  me defiendo mientras él toma un libro del suelo –solo quería que supieras que…Harry, ¿te soy sincera? No tengo idea de qué estoy diciendo.-
-créeme…- responde hojeando el objeto y cerrándolo de golpe –ya lo sé-. Intento sonar menos tonta la próxima vez que abro la boca:
-es que tú me confundes-. Él se encoje de hombros y deja el libro sobre su cama
-lo sé, me esfuerzo en ello- mi expresión deja ver que no sigo lo que me dice; reiterando lo que acabo de afirmar; él se ríe de mí mirando el suelo –intento confundirte para que digas realmente qué sientes.- ahora está sonriendo, después de su escena furiosa de hace un momento
-¿debería asustarme de tus cambios de humor?- pregunto sonando exhausta

-no- sonríe mientras viene hacia mí. Al estar frente a frente se hunde en mi mirada -¿te gusto?-. Suelto un suspiro y frunzo el ceño, para después encogerme de hombros.

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