viernes, 21 de julio de 2017

Capítulo 38

(narra Harry) Diciembre 8.
Subo las escaleras que me llevan al cuarto de huéspedes después de descansar unos veinte minutos sobre el sillón en el cual me desperté. Empujo la puerta suavemente y la miro un momento dormida con las sábanas algo enredadas. Sonrío y paso hasta las persianas para abrirlas un poco y luego sentarme con cuidado a lado de ella sobre la cama, al igual que lo hice en la madrugada. Sus pestañas delinean dulcemente sus ojos y su ligero cabello se esparce sobre la almohada. Un instante después, abre sus ojos.
-¿Harry?- su voz adormilada parece incrédula de encontrarme aquí
-hola borracha-
-no estoy borracha- me contradice apretando los ojos
-ya no estás borracha- la corrijo riéndome y tomando su mano, ensartándola entre la mía. Al intentar soltarse, la sujeto con más fuerza y ella suspira resignándose. Parece cansada.
-Harry…- se queja volviendo a decir mi nombre, yo vuelvo a reírme.
-Corre, vístete- le mando mientras me pongo de pie –acompáñame al súper, Niall no tiene nada para desayunar- acaricio su cabello y ni siquiera me contesta –te espero abajo- la animo y salgo cerrando la puerta detrás de mí. Voy hasta la sala de estar del segundo piso. Niall parece aplastado por un camión, mira la televisión con los ojos casi cerrados. Cuando Jane baja las escaleras se ve ridícula, sinceramente. Su cabello hecho girones y el mismo vestido de ayer, ahora arrugado.
-no puedo ir- se disculpa conmigo bastante contenta, yendo a sentarse a un lado de Niall –no tengo qué ponerme-. Cuando él repara en su apariencia, se le va el aspecto de dormido y se carcajea un momento.
-qué linda- comenta volviendo a poner su atención sobre la televisión, ella rueda los ojos –no hay nada en la cocina, ve por comida…por favor-
-vayan ustedes, no tengo ropa- Niall parece tener una idea y se va hacia su cuarto. Jane ni siquiera le presta atención y él vuelve con una sudadera en la mano, lanzándosela a la cara. -¿y esto?- pregunta ella examinando la prenda azul marino con cordones blancos como detalle, yo la reconozco al instante y al parecer ella también -¿por qué tienes…?-
-Allie la olvidó.- explica Niall -Puedes usarla y…de paso devolvérsela…- hace una mueca (la misma que ha hecho repetitivas veces desde ayer que anuncia que intenta no llorar) se da la vuelta y entra a su habitación de nuevo. Ella vuelve a poner cara de queja y murmura algo, enfadada
-¡no tengo pantalones!- repone ella aún con la idea de sobreponerse al plan de venir conmigo
-¡usa mis pants grises!- con mi sonrisa intento convencerla de que me acompañe, ella niega con la cabeza. Sin cambiar mi expresión me acerco hacia el sillón.
….
Lleva los pants arremangados hasta la rodilla, solo en su pierna izquierda, dejando ver la tosca gasa que le puse. Cuando me detengo a mirarla, ella aparta la vista; al tomar un cereal del estante. Me le quedo viendo sin contestar cuando me pregunta si quiero que llevemos jugo. Como no obtiene respuesta, solo lo deja en nuestro carrito y lo empuja, yo me interpongo y le ahorro la tarea, aún sin hablar. Jane camina a mi lado y se detiene cuando llegamos a un pasillo que tiene refrescos y otras cosas. Noto que rueda los ojos y se acerca a tomar un par de empaques: té helado. Ella se ríe al conectar su mirada con la mía y le respondo haciendo lo mismo. Es para Niall.
-me gusta cómo bajas la mirada después de reírte- le cuento mientras seguimos nuestro camino por la tienda. Ella se aclara la garganta y luego abre la boca como pensando qué decir –también me divierte verte confundida. Por eso te observo tanto- Jane vuelve a reírse, parece su risa de siempre. Creo que piensa que lo digo solo porque sí –también es porque me gustas, pero supongo que ya lo sabías- noto que se sonroja, solo un poco. Sé que está incomoda y estoy totalmente seguro de que no tenía idea de eso. De hecho por eso se lo dije sin ningún tipo de advertencia. Continuamos yendo hacia las cajas para que nos cobren, ella no dice nada pero siendo sincero ¿qué puede contestar? ¿“gracias”?...Yo tampoco sé qué hacer así que hago una decisión irracional, como siempre, y le tomo la mano. Parece aturdida, parece confundida. Después de un momento ella retira su mano como si le hubiera quemado algo y la coloca detrás de su nuca mirando hacia el otro lado. Y cuando empujo el carrito, saliendo de la tienda hacia el estacionamiento, Jane sigue sin voltear la cabeza hacia acá. No creo que aclarar el punto que la puso tan distante la vuelva a acercar, así que busco escapar del callejón sin salida en el que metí nuestra conversación al mencionar lo de hace un momento.
-¿la sudadera de Allie huele a Allie?- pregunto observándola. Su mirada parece correr por todo el pavimento hasta subir al carrito de súper y llegar a mí, a veces me asusta ese modo de sus ojos de enfocar las cosas. Como si me recortara de un plano mientras me observa, sé que no lo hace conscientemente.
-sí- suelta una risa un poco después, ablandando la mirada –a su shampoo y a alfombra-. Pensándolo un momento, sus palabras hacen que me llegue perfectamente el olor de mi rubia amiga y sonrío…debo preguntarle cómo está después de lo de ayer. Me detengo un segundo, con ganas de oler la mencionada prenda
-¿puedo?- pregunto sujetando la tela sobre el hombro de Jane. Se encoge de hombros con una sonrisa ligera y me inclino sobre ella para aspirar el aroma de Allie…pero antes me llega el de Jane. Finjo no haber podido percibir nada y me acerco aún más para aprovecharme del contacto que ya logré, apartando el cabello de ella y poniendo mi mano sobre su nuca. Siento su escalofrío y tuerce el cuello para alejar su cara lo más que puede, incómoda. Sé que Louis ronda en alguna parte del fondo de su mente. Huele a algo dulce pero no empalagoso, un tenue aroma como a pastel…con algo peculiar detrás, fresco. Como si hubiera frotado hierbas o tierra en su cuello. La escucho decir mi nombre. Está fría y yo estoy caliente. Roso su piel con mi nariz logrando que se tense más y antes de separarme me aseguro de acariciar su oreja con mis labios. La miro con fuerza cuando la distancia lo permite; ella, callada. Para desconcertarla más, añado una sonrisa inocente cómo si hubiera sido cualquier cosa. -¿Qué pasa?-. frunce el ceño como preguntándose algo a sí misma –no pienses tanto Jane- me río mientras le doy un rápido toque debajo de la barbilla alzando su rostro –si estás preocupada por oler mal por no bañarte…bien, yo tampoco me bañé- ríe junto conmigo y nos acercamos a mi auto dejando ahí la escena que la petrificó un momento -¿cómo va tu herida?-
-¿cuál?- me habla de nuevo, mientras ambos dejamos  las pocas bolsas en la cajuela y la cierro
-la de tu pierna- pregunto mientras entramos al coche y ambos cerramos las puertas.
-ah, supongo que está mejor…- sin estar muy convencida, hace una mueca. Sube su pie sobre su otra pierna con cuidado. Me acerco y jalo el pants para ver la heridita, ella me ayuda dejándome ver su espinilla. No está mal, pero es más grande de lo que recordaba –el problema es que no puedo quitarme la gasa-. Hago un gesto de confusión y ella levanta un poco la pequeña tela, está pegada a la costra que empieza a formarse.
-oops…ahh…supongo que estaba muy dormido cuando te la puse.-
-es igual- se encoje de hombros y ambos nos reímos –tendré que quitármela en algún momento cuando tome valor de arrancarme la piel, creo-. Antes de que vuelva a bajar su espinilla, sujeto su pierna y tomo la gasa entre mi pulgar y mi dedo índice. Ella niega con la cabeza –ahora no Harry-
-una…- empiezo a contar
-Harry no- intenta apartar su pierna pero la tomo con más fuerza –…mejor en la casa-
-dos…-
-¡no, Harry! ¡no!- me advierte realmente asustada. Suelto la gasa rindiéndome y ella se ríe de alivio. Entonces se la arranco. Ella grita y luego se muerde el labio intentando calmarse. –auh- se queja en voz baja. Parece haber sido una buena idea hasta que empieza a salirle sangre de la herida de nuevo. <<oops>> pienso por segunda vez. Tomo uno de los kleenex de mi coche y se lo ofrezco, me agradece en un susurro y se limpia con este. Beso las yemas de mis dedos y los coloco sobre su herida mientras ella la aprieta con el pañuelo. Me mira con una escondida sonrisa enternecida y le guiño el ojo. Rápidamente baja la mirada
-ahí, ¿lo notaste?- me mira extrañada y le sonrío -me gustas Jane-
(narra Jane) Diciembre 9.
**Nota: mientras escribía esta parte, esta canción no se podía salir de mi cabeza, no sé por qué pero creo que va un poco con el desorden de Jane: https://www.youtube.com/watch?v=TkLT5krv_6c Solo por si la quieren escuchar **
Harry me invitó a una exposición de pinturas. No pude decir que no porque él ya había comprado los boletos, además ¿por qué rechazarlo? No tengo algo más que hacer hoy y, a pesar de que sigo bastante aturdida sabiendo que le gusto, somos amigos y estaría mal mentirle para no ir. Mi conciencia se encoje de hombros. ¿Por qué no iría? No debería importarme qué vaya a pensar Louis, él fue quien dejó de hablarme por semanas…y Harry parece quererme. Sin poder restarle importancia como me gustaría, sacudo la cabeza como si eso fuera ayudar a despejarme. Busco por el suelo mi ropa ayudándome de mis pies. Unos segundos después me doy cuenta de que solo estoy pateando mi ropa sin razón pues ni siquiera estoy concentrada en qué ponerme, lo único que puedo pensar es qué pretende Harry, y si Louis se enojará conmigo. Él me dejó hablando sola en el baile, él me besó sin que yo quisiera, él me trataba bien o mal dependiendo de lo que se le ocurriera. Además él no quiere nada conmigo. Tengo razón ¿por qué se enojaría? Me rasco la cabeza parada en medio de mi habitación, sin pensar en nada concreto y mil cosas a la vez, enajenándome del lugar físico en el que me encuentro. Una musiquita de fondo en mi cabeza es lo único que puedo palpar realmente. Me doy cuenta de mi ceño fruncido y cambio la expresión a propósito forzándome a eliminar el nombre de Louis.
Mi closet está casi vacío cuando lo abro. Recuerdo que todo está en el suelo y me doy vuelta para hacer el segundo intento de elegir con qué vestirme. Louis no se molestará, no tiene sentido. Niego con la cabeza buscando unos pantalones; antes de lograrlo me distraigo para mirar el reloj. Harry estará aquí en menos de veinte minutos. ¿Debo arreglarme? Me refiero a que…a mi no me gusta…al menos no ahora, no. No. volteo a ver mis paredes y me quedo viendo los colores de las acuarelas que están pegadas con el único pensamiento de que debería pensar en otra cosa y no en lo que debo pensar. Luego paso un rato intentando entender la última oración. Suelto un suspiro frustrada y vuelvo a relajar mi ceño propositivamente. Pongo mis manos sobre mis ojos e intento focalizar mi atención. Entonces…¿qué estaba diciendo? Tomo mis pantalones de mezclilla del suelo y recorro el suelo por alguna blusa. <<¿Debería arreglarme o no?>> pienso pescando mi anterior pregunta. Suelto mis pantalones tratando de resolver la incógnita antes de poder elegir alguna prenda. Me doy vuelta y decido que tal vez es mejor peinarme primero. Salgo y voy al baño, me miro unos segundos. Louis. Suelto un suspiro y me enojo con ese nombre teniéndome a mí misma en frente. Idiota. Cambio mi cabello de lugar sin saber qué hacer. ¿Lo plancho? ¿Le hago ondas? ¿Lo dejo así? ¿Qué pasa si me arreglo más de lo que debo y Harry piensa que yo también quiero algo con él? Lo acomodo sin cepillarlo porque, lo único que pasa cuando lo hago, es que se ponga feo. No me veo muy mal. Echo la cabeza para atrás y cierro los ojos un momento antes de irme a mi cuarto de nuevo sin haber hecho nada.
Cuando dan las siete con nueve suena el timbre y me hago consiente de mi respiración al apresurarse de repente. Miro a mi alrededor atontada buscando qué ponerme, sin saber cómo respirar por un momento, hasta hacerlo inconscientemente de nuevo. Tomo cualquier cosa del suelo y bajo las escaleras rápido. Jeans y una blusa sin mangas. No, necesito una chamarra. Vuelvo a subir corriendo y busco por el suelo. ¡Esta blusa no queda con ninguna chamarra! Me quejo mentalmente y me saco la blusa intentando encontrar algo más. No tengo nada qué  ponerme. Busco entre todos los suéteres y blusas, Harry ya está abajo. Tomo un suéter color rojo ladrillo con el que me veo relativamente arreglada y me lo meto de nuevo. Ahora seguramente mi cabello se ve mal, tal vez si me pongo perfume compense que me vea tan…yo. Me tomo del barandal casi deslizándome por los escalones pero mi mamá ya abrió la puerta. Está hablando con él. Qué maravilla.
-no me avisaste que saldrías- sus ojos expresan un mensaje divertido y hago todos mis esfuerzos por no decirle en voz alta que Harry no me gusta
-volveré temprano, no creí que te importaría- la evado mientras camino hacia el pórtico junto a Harry saliendo de la casa –ya me voy- simplemente quiero dejar de ver esa mirada burlona en mi mamá
-mucho gusto- la siempre educada voz de mi amigo se despide y yo tiro de su brazo para que venga conmigo
-igualmente Harry, diviértanse- mi mamá cierra la puerta y por fin ruedo los ojos. El cielo ya está obscuro, anochece rápido en invierno y no creo que quede mucho antes de que se pierdan las figuras en la obscuridad, quizás quince minutos.
-hola- siempre viene acompañado de una risa. Al escucharlo tan tranquilo también me calmo. Suelto un profundo suspiro de alivio. Al fin me relajo y bajo la mirada también soltando una risa.
-hola-. Caminamos hasta llegar a la banqueta pero el auto de Harry no está aquí. Sin saber qué hago, solo lo imito siguiendo la dirección de sus pasos.
-¿lo ves? Incluso tu mamá quiere que estés conmigo- se ríe y lo volteo a ver escéptica
-claro que no- me río y él pasa su brazo sobre mis hombros acercándome más a él. Lo hace de forma tan sínica que no me incomoda, casi parece que su único propósito es jugar
-claro que sí, ella cree que te gusto- ruedo los ojos recordando su mirada y pienso un segundo qué decirle a Harry
-bien, supongo que ahí tienes razón…- puedo escuchar que sonríe y volteo a ver mis pies. La nieve descansa en montículos a los lados de la acera. Yo suelo ser a quien obligan a palear la nieve de mi jardín. -¿qué le dijiste a mi mamá?- interviene mi curiosidad después de imaginar su conversación
-nada- dice después de reírse como un niño después de hacer una travesura, lo miro levantando una de mis cejas buscando su respuesta –¡no dije nada! Solo…no sé, solo dije que te había invitado al museo y tú habías aceptado- cada vez que termina de hablar se ríe, es extraño porque aunque me molesta un poco, de todos modos me hace sentir bien. El hecho de que no se tome nada demasiado en serio es como una sonrisa
-lo hiciste sonar como una…cita o  algo parecido-
-hey, hey- reclama –no “lo hice sonar como una cita”, simplemente es una cita-
-no para mí- sueno un poco como si estuviera a la defensiva, intento calmarme
-no puedes simplemente decidir eso Jane- niego con la cabeza distrayendo mi mirada en las ventanas de las casas –hice un plan para salir juntos/solos, te invité, dijiste que sí; así que yo digo que sí es una cita-. Me alejo un paso haciendo que su brazo caiga de mis hombros
-no- parezco una bebé, pero la verdad en esto de “salir” probablemente lo soy. Harry coloca una mano sobre mi hombro con el rostro serio y luego acerca su otra mano a mi rostro. Siento que coloca la yema de su pulgar entre mis cejas -¿qué haces?- pregunto con un fondo de risa y confusión
-arreglo tu ceño- siento que frota mi entrecejo y me río –listo- concluye cuando me destenso. Vuelve a poner su brazo sobre mis hombros como antes, no comprendo de dónde salió Harry…y todo su cariño. Supongo que siempre ha estado ahí.  Siento que besa mi cabeza y sonrío sin pensarlo –qué testaruda-. Damos vuelta en la esquina y seguimos caminando.
-¿a dónde vamos?- cuestiono
-al museo, te dije que estaban mostrando pinturas del museo de Francia-
-me refiero a…¿iremos caminando?- pregunto extrañada mientras lo miro, él me guiña el ojo como ya es costumbre. ¿A qué se refiere con eso? –ríes muy seguido- comento cuando vuelve a hacerlo
-no es mi culpa, tú me haces gracia-. Ambos nos reímos y seguimos platicando de otras cosas como el “horrible” ponche que siempre hace la hermana de Harry o la vez que Allie casi tira su árbol de Navidad mientras jugábamos. Unos veinte minutos más tarde llegamos a una estación de metro y le pregunto a Harry por qué no solo fuimos en su coche.
-el coche es aburrido a veces, creí que podríamos divertirnos más aquí-. Supongo que tiene razón, suena a algo que yo misma podría haber dicho. Nos acercamos a la máquina expendedora y él paga ambos boletos aunque yo le insisto en que no lo haga. Era obvio que algo así iba a hacer y que no podría convencerlo de lo contrario ¿cierto? –¿sueles viajar en metro?-
-de vez en cuando- contesto mientras buscamos el andén que nos corresponde. Harry pone sus manos sobre mis hombros y camina detrás de mí guiándome entre las personas. Su tacto repentino me pone momentáneamente nerviosa. No alcanzamos ningún asiento pero yo me agarro de uno de los barrotes que van del piso al techo, con Harry frente a mí, quien se sujeta a otro tubo igual. –gracias por invitarme- le digo después de un rato.
El vagón se detiene bruscamente y las puertas se deslizan abriendo paso a la gente. Al parecer es una parada concurrida pues sube una gran cantidad de personas haciendo que todos quedemos mucho más apretados que antes. Una señora de cara prepotente y una gran bolsa, golpea a Harry y le ordena que se mueva.
-con gusto- contesta él aún más educado que normalmente. Ella se desconcierta y Harry le sonríe, es la persona más amable que conozco. Parece siempre tener la razón. Da un par de pasos hacia mí, haciéndole lugar a la señora, y se sujeta del barandal que pasa sobre mi cabeza quedando su brazo sobre mí y su cuello junto a mi cara, siento su calor. Me saca como veinte centímetros de altura y puedo oler su ropa. –gracias por aceptar venir conmigo- dice inclinándose sobre mí…
….
Harry insiste tanto en darme la mano que me canso de resistirme. Sinceramente ya me da igual. Pasamos a la siguiente sala y nos detenemos frente a un cuadro de Renoir. Cuando llegamos y vi que eran las pinturas de l’Orangerie me impresionó que Harry no me lo hubiera mencionado, dijo que no sabía que ese museo fuera tan importante. Como sea, lo único que hacemos es ir de un lado para otro platicando y riendo, y de vez en cuando nos separamos.

-mira ese- susurro sin pensarlo, supongo que la calma del lugar te lo sugiere. Suelto su mano y voy hacia una pintura que está colocada en una pared que corta la sala en dos. Esta la conozco. “La calle de Vétheuil. Óleo sobre lienzo, 52 x 71 cm” se lee a un lado de esta. Pienso un momento dónde la he visto... -solía mirarla en la sala de espera de mi dentista cuando era más chica- le cuento a Harry que está detrás de mí, aún mirando la nieve de las calles del cuadro y la gente caminando. –Tengo el recuerdo de estar ahí adentro- sonrío y me giro a verlo pero no está aquí. Confundida, le doy vuelta a la pared buscándolo…pero tampoco lo veo. Esparzo mi mirada hasta donde puedo y choco contra alguien al girarme.
Sí, es él.
-¿te habías preocupado?- bromea al notar que estaba buscándolo. “Arregla mi ceño” de nuevo y niego con la cabeza riéndome –claro que estabas preocupada- cambia su mano de lugar y me aparta un poco de cabello del rostro. Me da un beso. En los labios. Sus ojos me escudriñan impacientes por una respuesta y siento que mi respiración se hace más rápida después de retenerla por ese segundo. No se me ocurre nada, estoy a punto de solo cambiar de tema y preguntarle dónde estaba… De repente, Louis irrumpe dentro de mi mente para desacomodar todo de nuevo; como mi cuarto. Harry se me acerca de nuevo y doy un paso torpe hacia atrás -¿en qué piensas Jane? ¿Piensas en él?- frunzo el ceño entre confundida y molesta, y él vuelve a suavizar mi expresión con la yema se su dedo, yo le sigo el juego sin darme cuenta. –no deberías, él no está pensando en ti Jane-. Analizo sus palabras un segundo mientras veo el zoclo de madera obscura de la pared; se me escapa una sonrisa tranquila al saber que Harry está en lo correcto. Me calmo dentro de sus ojos y no hago nada más, así que él vuelve a besarme y yo no me alejo.

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