lunes, 24 de julio de 2017

Capítulo 39

(narra Niall) Diciembre 14.
Al salir de mi cama, me doy cuenta de que no voy a poder seguir así por mucho más Tiempo. Ha pasado una semana desde que terminé con Allie y no tengo ganas de bajar a desayunar. Mi mamá aún sigue de viaje y en mi casa parece que los días duran semanas. Es como si solo existiera yo y mi espesa nostalgia. Veo a Allie por toda la casa. En la sala, sentada en mi cama, acostada en el sillón, riéndose sobre la cubierta de la cocina, acostada en el pasto en el patio trasero. Paso mis manos por mi cara y salgo de mi cama hacía la cocina. Veo el cuarto de mí mamá, todo está como hace dos semanas, cuando se fue. Regresará para Navidad.
Bajo las escaleras recordando que Allie siempre brincaba del cuarto escalón hasta el suelo. Río un momento cuando me veo a mí mismo sujetándola la vez que casi se cayó. Luego trato de esfumarlo, antes de que me sienta peor. Entro a la cocina y me sirvo cereal de miel, ni siquiera me gusta pero es el que Jane compró el otro día. Como sin ganas y miro el reloj del radio, ya es la una. Levanto una ceja sorprendido y meto otra cucharada de comida a mi boca. Veo las paredes buscando algo con qué entretenerme, pero el reloj es electrónico y ni siquiera puedo perderme viendo manecillas. Alejo el plato que tengo frente a mí y subo a mi cuarto de nuevo para buscar mi celular. No está en mi cama y tampoco lo veo en el suelo así que empiezo a revolver mis cosas. Encuentro un par de pasadores para cabello sobre mi escritorio, suelto un suspiro y me alejo buscando en otro lado. Muevo mi ropa del suelo, encontrando una bufanda color guinda y luego sus audífonos. Noto mi ceño fruncido y vuelvo a buscar en mi cama y debajo de ella. Allie no deja de aparecer por todos lados.
De repente mi celular suena, quebrando el silencio en el que estaba, y guiado por el sonido me acerco al otro lado de mi cama, encontrándolo en el suelo. Es un mensaje, sonrío de lado cuando lo veo. “HOLA, ¿SABÍAS QUE HACE UNOS DÍAS FUE DÍA DE SAN NICOLÁS? SE ME OLVIDÓ DECIRTELO”. Jane, ¿alguna vez me mandará algo normal como “¿qué haces?”?  Me saluda todos los días desde el baile, supongo que sabe que no me la estoy pasando muy bien y quiere alegrarme. Siendo sincero, se lo agradezco. Suelto un suspiro y pienso qué se le puede contestar. “NO LO SABÍA” respondo, suena algo cortante pero no se me ocurre nada más y no creo que lo tome mal. “¿ESTÁS EN TU CASA?”. Sé que es una indirecta preguntando si puede venir, aunque normalmente lo hace sin avisar. Me quedo viendo el número, no es el de ella pero no le presto más atención. “¿QUIERES VENIR?” pregunto sin darle vueltas al asunto, yo también necesito verla, hablar con alguien o lo que sea. Allie me está comiendo vivo aquí. Lo próximo que suena no es mi celular, sino  el timbre de mi casa. A veces Jane me hace sentir dentro de una película de terror. Ruedo los ojos y voy a abrir la puerta.
-¿quisieras ser menos escalofriante la próxima vez?- ella se ríe mientras entra y ve un momento la casa
-¿qué has hecho los últimos días?- pregunta algo extrañada, supongo que la casa se ve demasiado limpia y es que la verdad no he hecho nada
-no lo sé- me encojo de hombros sin querer decirle la verdad –uh…lo de siempre supongo-
-¡Niall, ¿y tu árbol de Navidad?!- meto mis manos en los bolsillos de mi pijama y vuelvo a encogerme de hombros. Su mirada parece triste, tal vez la atmósfera obscura de mi casa ayude. -¡pongamos el árbol!- ruedo los ojos con flojera y niego con la cabeza -¿por qué no? ¡Niall, no puedes estar en este…limbo de tristeza por siempre!-
-¿limbo de tristeza?- repito a punto de reírme. A ella se le escapa una risa y asiente con la cabeza –no estoy triste- miento. Ella levanta la ceja derecha como preguntando si hablo en serio. –da igual- le resto importancia y ella cruza sus brazos sobre su chamarra, encogida como buscando calor. Sí, hace mucho frío.
-hace frío- concreta ella en palabras, siempre lo dice aunque sea obvio. -¿ponemos música?-
-sí- respondo con un poco más de ánimo. Ella me extiende la mano
-¿me prestas tu celular?-
-¿qué tiene el tuyo?- ella rueda los ojos y se da la vuelta yendo hacia la cocina, yo la sigo
-lo tiene Louis- contesta molesta -¿puedo hacer té?-
-¿por qué?- cuestiono confundido
-porque quiero calentarme y es rico- evade mi verdadera pregunta ya sacando la tetera y llenándola con agua de la llave
-no seas tonta, ¿por qué Louis tiene tu celular?- ella enchueca la mandíbula y hace una mueca. Se está mordiendo el interior de los labios seguramente. Coloca el agua sobre la estufa y le da vuelta a la llave de gas encendiéndola.
-lo dejé en casa de Allie- sigo sin entender y se lo hago saber con un gesto –no sé, supongo que él se lo llevó- rueda los ojos disgustada.
-¿por qué él querría tu celular?-
-no tengo idea, ¿para que tenga que ir con él? ¿para molestarme? No sé- se recarga en la mesa de la cocina de frente a mí.
-¿no crees que quiera buscar algo?- se lleva una mano sobre la boca; al parecer no se le había ocurrido que él puede leer sus conversaciones. Qué boba. Ella niega con la cabeza un momento rechazando la idea.
-no creo que lo haría- afirma después de un momento –no- vuelve a decir.
-¿de verdad? Porque yo no creo sinceramente...- el timbre vuelve a escucharse por toda la casa y hago una cara de confusión pero ella perecía esperárselo.  Se encamina hacia allá -¿quién es?- pregunto tomando su muñeca antes de que salga de la cocina asustado de que haya invitado a Allie o algo así.
-Harry- obvia mientras sacude la mano buscando que la suelte y lo hago.
-¿qué? ¿le dijiste que viniera?-
-vinimos juntos, él se fue a buscar un lugar para estacionar su coche-. Después de quitar mi rostro confundido, sonrío levantando las cejas insinuando que traen algo entre los dos -¿qué?- suelta con disgusto.
-¿son novios?-
-no-
-pero te gusta-
-¡no!-
-¿quieres salir con él?-
-¡no! ¡él quiso venir!-
-sabes que le gustas, ¿cierto?- abre la boca para reclamar de nuevo pero solo tartamudea, traga saliva.
-¿y?-
-no eres tan tonta como para pensar que solo busca tu amistad entonces, ¿verdad?- ella aparta la mirada y pasa una mano por su cabello. Tomo su barbilla y hago que me mire, yo clavo los ojos en los suyos. Noto su nerviosismo con una pisca de preocupación y de repente un tono rojo comienza a pigmentar la parte baja de su mandíbula. Ver así a Jane es muy raro.  –pide un deseo, estás sonrojada-
-¡hey!- protesta de nuevo escapando la mirada hacia abajo mientras aparta mi mano de sí como si espantara un mosquito, se da vuelta y me río detrás de ella. El timbre vuelve a sonar y abre la puerta. –hola- saluda rápidamente.
-hola- le dice él con una sonrisa, luego mira hacia mí –hola- repite.
-Harry- saludo con un movimiento de cabeza –voy a cambiarme-. Me voy hacia las escaleras riéndome. ¿Jane? ¿esa es Jane? ¿qué pretende? ¿ya habrá pasado algo entre los dos? El día que volvieron del súper parecían normales…bien, recuerdo que ella estaba callada pero a veces así se pone. Veo las cosas que encontré de mi perfecta exnovia y una punzada de dolor en el estómago. Me concentro en qué puede estar pasando en la planta de abajo y me pongo mis pantalones negros y cualquier playera. -¡¿Jane?!- la busco cuando llego a la sala vacía.
-¡en la cocina!- contesta la voz de Harry por ella, y entro donde están ellos. Jane abre la puertita de uno de los estantes, se estira para alcanzar una taza y ponerla sobre la cubierta –yo lo hago- murmura él poniéndose detrás de ella y saca otras dos. Jane se voltea antes de que él se quite haciendo que Harry la vea a unos diez centímetros de distancia. Él le sonríe y ella exhala echando su cabeza hacia atrás repentinamente. Yo me río, haciendo que noten mi presencia. Harry se une a mi risa, y Jane suspira pesadamente. Tiene los ojos muy abiertos.
-traje algunas cosas, quería celebrar San Nicolás- dice recuperando su usual actitud calmada
-okay-
…..
Entre los tres bajamos del tercer piso el árbol de Navidad artificial que pongo cada año. Lo montamos y le pusimos las luces. Ahora Jane y Harry ponen los adornos porque la verdad ya me cansé. Los miro mientras sigo pensando en Allie, ¿qué pasaría si fuera a verla? Ruedo los ojos pensando que es estúpido, ¿por qué iría si yo la corté? Jane recoge un ganchito de metal con los que se cuelgan las esferas y cuelga una de color dorado anaranjado en la parte derecha del árbol.
-¿cómo han estado los demás, Jane?- pregunto buscando molestar a mi amiga -¿qué dice Louis?- ella se queda quieta y casi podría escuchar cómo rueda los ojos. Veo a Harry endurecer la mandíbula pero no se detiene, poniendo otro angelito de madera sobre una rama.
-¿yo por qué sabría?- objeta ella con un tono fuerte
-no lo sé, ustedes son muy amigos ¿no?- aguanto mis ganas de reír y Harry pasa una mano por el cabello de Jane, colocando una parte detrás de su oreja y mirándola por un par de segundos después. Ella solo sigue decorando el árbol de Navidad
-el día de San Nicolás se celebra mucho en Holanda, hacen galletas típicas- comenta cambiando de tema –se llaman pepernoten-. Harry sonríe como encantado por lo que ella acaba de decir e intercambian miradas un momento, ella solo lo ve fijamente con los ojos bien abiertos, pero un momento después aparece una sonrisa clandestina en la esquina de sus labios.
Cuando terminamos de poner el árbol, y después de que Jane me dice que deje mi zapato delante de este, ella pone una bolsita de celofán llena de galletas de jengibre en forma de estrellas y campanas dentro de mi tenis. Me río y le doy las gracias.
Después ambos se van y me recargo sobre la puerta. Las luces navideñas me hacen sentir más acompañado. Me voy hacia mi cuarto y, decidido, pongo todas las cosas de Allie dentro de una caja. Me pongo mis botas y salgo para subirme a la camioneta. Siento mis manos temblar ligeramente mientras conduzco hacia su casa. Casi sin pensar, voy haciendo el conocido camino hacia allá. Doy vuelta y avanzo una cuadra más hasta llegar al círculo de casas donde está la de Allie. Estaciono el coche a lado del de su mamá y me acerco a la casa de ladrillos rojos. Me paro frente a la puerta y sostengo la caja con sus cosas con ambas manos.
-hola- practico antes de tocar el timbre –hola- repito con otro tono. –Quería traerte tus cosas, las encontré hoy- niego con la cabeza, eso suena tonto. Suelto un suspiro –Allie, estaba pensando…- paso una mano por mi cabello y cierro los ojos con fuerza. -¿querrías ir a algún lado a hablar?- bueno, supongo que eso está mejor pero luego tendría que explicar lo de la caja y entonces sonaría tonto. <<Viniste a pedirle que vuelva contigo después de una semana, cualquier cosa sonará tonta>> se burla mi propia consciencia. Niego con la cabeza y levanto mi mano para presionar el timbre, pero en vez de eso apoyo la mano sobre la pared, a un lado de este. –perdón Allie-. Escucho pasos dentro de la casa y corro hasta mi coche lanzando la caja a la parte de atrás, arrancando lo más rápido que puedo.
(narra Jane) Diciembre 15.
Los últimos días Harry ha venido a tocar mi puerta, y yo simplemente le digo que espere un momento para que me ponga zapatos; y me lleva a algún lado. El cine, algún café por aquí o a su casa a ver alguna película. Sigo yendo con él solo porque sí, realmente no entiendo por qué le diría lo contrario. No es que me guste, solo me pone nerviosa saber que yo sí le gusto a él. Fuera de eso, es mi amigo, supongo. Y es muy buen amigo, siempre se ríe de lo que le digo y me ayuda a estar calmada porque a veces pienso demasiado todo. Como ahora. Se supondría que tengo que estar paleando la nieve de mi patio pero el frío me hace querer quedarme aquí. Veo una película con mis hermanas en la sala, aunque realmente las dos están embobadas en sus celulares. Alguien toca el timbre, no pienso ir.
-¡pido no ir!- grita Becca antes que todas
-¡yo tampoco!- contesto yo –te toca- ambas miramos a Alice. Ella niega con la cabeza aún viendo su celular
-no, yo contesté el teléfono ayer- se excusa
-yo lo contesté en la mañana- argullo con cara de enojo
-entonces le toca a Becca-
-¿qué te pasa? Yo ayudé a hacer la comida- se escuda sentada junto a mí con las piernas sobre mis rodillas
-aagh…- se queja Alice y va hacia allá sin más. Yo me río y vuelvo a ver la pantalla. Siempre ponemos Harry Potter, las he visto unas doscientas veces cada una. -¡HEY! ¡Tonta!- me giro hacia atrás donde Alice me mira harta –te buscan en la puerta- tiro las piernas de Becca al suelo haciendo que se sobresalte y me pongo de pie
-¿quién es?- le pregunto en voz baja
-Louis- abro los ojos sorprendida y asustada, pero antes de que se me ocurra qué decir Alice se ríe diciéndome que no es cierto, provocando la risa de mi otra hermana también. Ruedo los ojos y vuelvo a preguntar quién es, pero no obtengo respuesta pues Alice ya se sentó en el sillón con los audífonos puestos, a ver más YouTube, seguramente.
Voy a la entrada encontrándome con Harry con una sonrisa, se la devuelvo inconscientemente.
–hola- me cuestiono a mí misma mentalmente por qué siempre lo saludo igual; misma palabra, mismo tono de voz.
-¿cómo estás?- pregunta él abrazándome, por suerte él no ve mi cara de confusión -¿qué estabas haciendo?-
-nada, solo…veía una película-
-¿nos vamos?- dice tomando mi mano mientras voltea a ver mis pies, no traigo zapatos puestos
-no puedo, debo mover la nieve- ruedo los ojos e intento retirar mi mano del agarre de Harry
-te puedo ayudar- sugiere con una sonrisa. Al principio niego con la cabeza pero luego pienso que su compañía aligeraría mi trabajo. Suelto un suspiro preguntándome otra vez de dónde salió Harry Styles.
-bien- balbuceo aún confundida dejándolo pasar. –voy por una chamarra- aviso mientras subo las escaleras lo más rápido que puedo
-y zapatos- añade él desde abajo y me detengo viéndolo desde el piso de arriba
-y zapatos- confirmo con algo parecido a una sonrisa. Entro a mi cuarto y tomo mi chamarra, después me pongo un calcetín gris que veo pero no encuentro el par así que me pongo cualquier otro que está por ahí. Allie suele hacer lo mismo. Tomo una de mis botas y hago equilibrio en el otro pie para ponérmela

-así que aquí duermes- comenta la voz de Harry detrás de mí asustándome, haciendo que casi me caiga. Él se ríe al notarlo –no vengo a matarte, quería ver tu cuarto-
-sí, está bien- me encojo de hombros, me reprocho el no haberlo invitado a subir desde el principio e intento repararlo: –es tu casa-. Tomo mi otro zapato del suelo y vuelvo a hacer lo mismo, dando un par de brincos hasta atinar a mi pie. Harry se queda viendo las cosas que hay en mi pared y los libros a los pies de mi cama.
-acuarelas- se ríe tomando el estuche que hay sobre el edredón de mi cama –¿las usas? Yo no he pintado desde el kínder-. Me aclaro la garganta sin ganas de contestar lo cierto
-sí- afirmo frotando mi brazo izquierdo con mi mano contraria –a veces- aclaro dándole poca importancia. –debí haber recogido- comienzo a tomar rápidamente mis libros y las libretas de mi cama para apartarlo todo de su vista. Lo llevo todo a mi escritorio, pero en el camino hacia allá, Harry toma el de arriba de la pila
-¿qué es esto?- curiosea mientras le da vuelta en sus manos
-no es nada Harry, ya vámonos- le pido jalándolo del antebrazo, como no me hace caso intento quitárselo
-¿cuál es? ¿por qué está forrado?- inquiere levantando el libro, cubierto con una hoja de color rojo tierra, para que no se lo pueda arrebatar.
-Harry, no es importante-.
-si es un secreto, entonces lo es Jane- el baja el objeto y me mira fijamente –tu cuarto está lleno de ellos-. No es cierto, está exagerando las cosas. Mi cuarto solo está lleno de chatarra y mucha basura que no me atrevo a tirar. Y toda mi ropa, como siempre. Cualquiera de mis hermanas tiene un cuarto más interesante. Me limito a mover la cabeza, negando lo que me dice.
-solo son tonterías Harry- me mira aún a los ojos con deseos de saber pero no pregunta nada, así que me tranquilizo y lo saco de mi cuarto, no sin antes tomar los guantes que encuentro de camino hacia la puerta. Juntos vamos hasta la puerta y él saluda a las dos niñas tumbadas en los sillones. Ambas le contestan con una sonrisa y, cuando Harry se voltea, me miran molestándome porque supongo que creen que le gusto. Yo las miro fingiendo tener asco de ellas y me ruedan los ojos en broma. Salgo detrás de él y saco una pala de la cochera y luego una un poco más pequeña. Los dos nos ponemos a escarbar el hielo, quitándolo de la acera.
-¿siempre se llevan así de pesado?- pregunta mientras sigue trabajando
-¿a qué te refieres?- sin entender de qué habla, llevo otro poco de nieve del otro lado del “patio”
-a ti y a tus hermanas- lo miro incrédula un momento –las vi hace un momento, burlándose de ti. –sonríe un poco como aguantando una risa  -¿Es por mi culpa?- ríe mientras se frota las manos y vuelve a hundir su pala
-no- busco una excusa tratando de ocultar mi nerviosismo –es por…uh…- simplemente me quedo en blanco y cierro los ojos esperando que Harry vuelva a reírse de mí o algo por el estilo, sí, ahí está su risa
-que gracioso- suelto un suspiro abriendo mis ojos y volviendo a mi tarea de nieve -¿te da pena?-
-supongo que es extraño- me empiezo a poner como tonta –no- balbuceo -¿que me dé pena qué?-
-yo. Que esté aquí- sigue riendo. En cuanto a mí: parece que tengo cinco años y que nunca he hablado con un niño. Sacudo la cabeza pensando bien
-¿por qué haces esto?-
-te dije que te ayudaría-
-no, no- aclaro –me refiero a...estar aquí, conmigo. Tratarme con cuidado y…buscarme…-
-porque me gustas Jane- suele contestar usando mi nombre para acentuar lo que dice –me gusta estar contigo- se encoje de hombros y me sonríe. Camina hasta mí y me quedo inmóvil, con miedo de que vaya a besarme de nuevo. Pero pone su pulgar en mi ceño y lo “arregla”.
-gracias- suspiro humildemente, Harry no me parece natural…o tal vez me parece demasiado natural. Pensando en eso, vuelvo a arrugar las cejas y él repite la acción anterior, yo le agradezco por segunda vez y miro mi herramienta entre mis manos. Me pongo a palear la nieve y Harry me imita. Unos minutos después, siento una rociada de nieve y me volteo incrédula hacia Harry quien me mira divertido. -¡hey!-
-¡hey!- se burla fingiendo mi voz. Me enojo en broma y le devuelvo la nieve con ayuda de mi pala. Pronto los dos estamos lanzando nieve y corriendo de un lado para otro...
Después de unos cuarenta y cinco minutos de jugar, y platicar -sobre todo de la casa de mi abuela que está llena de adornos minuciosos por todas las paredes de cosas que compró en sus viajes cuando era joven (no tengo ni la menor idea de cómo terminamos hablando de eso, Harry solo seguía preguntando) el viento frío se siente cortante contra mi cara y me encojo un poco en busca de calor, mientras los dos nos reímos. De repente la mirada de Harry se escapa y noto una basurita dentro sus ojos, se llama tristeza. Sigo el camino de su vista, me conduce a la casa de cierto castaño, mi vecino. ¡¿Harry está triste por culpa de él?! Comprimo mis dos filas de dientes, una contra la otra más enojada con Louis.
-aún te gusta- la voz de Harry suena herida
-no-
-no te lo preguntaba…pero no te preocupes, no es tu culpa-
-Harry, él no me gusta- declaro mientras camino hacia él
-Jane, no intentes hacerme sentir bien ¿está bien? Da igual- aún no deja de palear la nieve y yo lo tomo de la mano, está tibia. Él me voltea a ver con pesadez –explica tu actitud los últimos meses entonces-
-ya no me gusta- remarco las primeras palabras esperando que me crea, suelto un suspiro con una tonta mirada anhelante. Harry hace que me sienta segura, no quiero que se vaya. –Harry…- pronuncio lánguidamente. Su sonrisa es condescendiente, no me cree. Vuelve a mirar el suelo y mover nieve. Sin saber qué hacer, trago saliva y, confundida, regreso a lo mismo que él. Vuelvo a donde estaba con el corazón acelerado de enojo. Idiota Louis, no solo no me hizo caso, ¡¿ADEMÁS ALEJA A HARRY DE MÍ?! (Me sorprendo con ese pensamiento y me sonrojo un poco). Vuelvo a clavar la pala con ira y siento dolor en la palma de mi mano derecha, tal vez la estoy sujetando demasiado fuerte. Me detengo y paso la mano izquierda por mi cabello, frustrada. Harry no se merece esto. Exhalo mi rabia y vuelvo a enterrar la pala en la nieve tan fuerte como puedo, ignorando el dolor palpitante en mi mano.
-Jane…- a Harry le tiembla la voz, me volteo preocupada y él viene rápido hacia mí. ¿Qué anda mal? Después de poner su mirada en el suelo, levanta la vista hacia mí y me arrebata la pala lanzándola a un par de metros. Volteo a ver la nieve confundida. Está roja. Desconcertada, siento la preocupación en la garganta y veo mi mano. Tengo una cortada profunda atravesando mi mano de izquierda a derecha, <<¿Acaso puedo ser más tonta?>> -¿te duele?- niego con la cabeza y Harry cierra mi mano para darle un beso –ven, te lavo-. Me jala dentro de mi casa y caminamos al baño. Él abre la llave y coloca mi mano debajo del chorro de agua
-¡¿qué pasó?!-  escucho la voz de Becca quien aún está en donde antes
-¡la boba se cortó!- miro a Harry dolida por su comentario, pero se está riendo –es juego- ríe dejando que el agua lave mi herida, llevándose la sangre. -¿tienes alcohol?-. Contesto que sí y busco en el anaquel debajo del lavabo. Saco la botella y una gasa, y le tiendo la primera. La abre y, con cuidado, vierte un poco. Hago una mueca de dolor y acaricia mi mano con su pulgar. Rasga el empaque de papel de la gasa, yo suelto una risa sintiendo un déjà vu, ya habíamos pasado por esto, ¿no? -¿Qué tan seguido te lastimas?- se burla irónicamente, yo me río sintiéndome tonta
-no tan seguido como últimamente- le aseguro –perdón-
-no te disculpes, me haces sentir importante-. Suelto un suspiro al tener de vuelta al Harry de siempre. Incluso me sorprendo a mí misma cuando mi cuerpo choca contra el suyo en un abrazo iniciado por mí. Él lo toma por sorpresa pero un momento después siento que pone sus manos alrededor mío. Yo entierro mi cara en su sudadera, se siente bien que te quieran de vuelta del mismo modo… Tal vez por eso me siento tan calmada con él junto a mí. El fondo de mente se preocupa por ese pensamiento pero tal vez sí me gusta Harry, y ya me da igual.
-uhh…- cuando giro mi cabeza veo a mi hermana parada junto a la puerta -¿qué te pasó ahora?-
-¿ahora?- una risa de fondo en la voz de Harry mientras me separo de él, mostrándole mi palma a Becca, quien parece intentar decidir entre rodar los ojos o reírse de mí

-estás bien- se resuelve tomando mi mano y dándole una ligera palmadita a la herida, la perforo con la vista al sentir cómo me arde la cortada.

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