(narra Niall)
Diciembre 14.
Al salir de mi
cama, me doy cuenta de que no voy a poder seguir así por mucho más Tiempo. Ha pasado
una semana desde que terminé con Allie y no tengo ganas de bajar a desayunar.
Mi mamá aún sigue de viaje y en mi casa parece que los días duran semanas. Es
como si solo existiera yo y mi espesa nostalgia. Veo a Allie por toda la casa.
En la sala, sentada en mi cama, acostada en el sillón, riéndose sobre la
cubierta de la cocina, acostada en el pasto en el patio trasero. Paso mis manos
por mi cara y salgo de mi cama hacía la cocina. Veo el cuarto de mí mamá, todo
está como hace dos semanas, cuando se fue. Regresará para Navidad.
Bajo las
escaleras recordando que Allie siempre brincaba del cuarto escalón hasta el
suelo. Río un momento cuando me veo a mí mismo sujetándola la vez que casi se
cayó. Luego trato de esfumarlo, antes de que me sienta peor. Entro a la cocina
y me sirvo cereal de miel, ni siquiera me gusta pero es el que Jane compró el
otro día. Como sin ganas y miro el reloj del radio, ya es la una. Levanto una
ceja sorprendido y meto otra cucharada de comida a mi boca. Veo las paredes
buscando algo con qué entretenerme, pero el reloj es electrónico y ni siquiera
puedo perderme viendo manecillas. Alejo el plato que tengo frente a mí y subo a
mi cuarto de nuevo para buscar mi celular. No está en mi cama y tampoco lo veo
en el suelo así que empiezo a revolver mis cosas. Encuentro un par de pasadores
para cabello sobre mi escritorio, suelto un suspiro y me alejo buscando en otro
lado. Muevo mi ropa del suelo, encontrando una bufanda color guinda y luego sus
audífonos. Noto mi ceño fruncido y vuelvo a buscar en mi cama y debajo de ella.
Allie no deja de aparecer por todos lados.
De repente mi
celular suena, quebrando el silencio en el que estaba, y guiado por el sonido
me acerco al otro lado de mi cama, encontrándolo en el suelo. Es un mensaje,
sonrío de lado cuando lo veo. “HOLA, ¿SABÍAS QUE HACE UNOS DÍAS FUE DÍA DE SAN
NICOLÁS? SE ME OLVIDÓ DECIRTELO”. Jane, ¿alguna vez me mandará algo normal como
“¿qué haces?”? Me saluda todos los días
desde el baile, supongo que sabe que no me la estoy pasando muy bien y quiere
alegrarme. Siendo sincero, se lo agradezco. Suelto un suspiro y pienso qué se
le puede contestar. “NO LO SABÍA” respondo, suena algo cortante pero no se me
ocurre nada más y no creo que lo tome mal. “¿ESTÁS EN TU CASA?”. Sé que es una
indirecta preguntando si puede venir, aunque normalmente lo hace sin avisar. Me
quedo viendo el número, no es el de ella pero no le presto más atención. “¿QUIERES
VENIR?” pregunto sin darle vueltas al asunto, yo también necesito verla, hablar
con alguien o lo que sea. Allie me está comiendo vivo aquí. Lo próximo que
suena no es mi celular, sino el timbre
de mi casa. A veces Jane me hace sentir dentro de una película de terror. Ruedo
los ojos y voy a abrir la puerta.
-¿quisieras
ser menos escalofriante la próxima vez?- ella se ríe mientras entra y ve un
momento la casa
-¿qué has
hecho los últimos días?- pregunta algo extrañada, supongo que la casa se ve
demasiado limpia y es que la verdad no he hecho nada
-no lo sé- me
encojo de hombros sin querer decirle la verdad –uh…lo de siempre supongo-
-¡Niall, ¿y tu
árbol de Navidad?!- meto mis manos en los bolsillos de mi pijama y vuelvo a
encogerme de hombros. Su mirada parece triste, tal vez la atmósfera obscura de
mi casa ayude. -¡pongamos el árbol!- ruedo los ojos con flojera y niego con la
cabeza -¿por qué no? ¡Niall, no puedes estar en este…limbo de tristeza por
siempre!-
-¿limbo de
tristeza?- repito a punto de reírme. A ella se le escapa una risa y asiente con
la cabeza –no estoy triste- miento. Ella levanta la ceja derecha como
preguntando si hablo en serio. –da igual- le resto importancia y ella cruza sus
brazos sobre su chamarra, encogida como buscando calor. Sí, hace mucho frío.
-hace frío-
concreta ella en palabras, siempre lo dice aunque sea obvio. -¿ponemos música?-
-sí- respondo
con un poco más de ánimo. Ella me extiende la mano
-¿me prestas
tu celular?-
-¿qué tiene el
tuyo?- ella rueda los ojos y se da la vuelta yendo hacia la cocina, yo la sigo
-lo tiene
Louis- contesta molesta -¿puedo hacer té?-
-¿por qué?-
cuestiono confundido
-porque quiero
calentarme y es rico- evade mi verdadera pregunta ya sacando la tetera y
llenándola con agua de la llave
-no seas
tonta, ¿por qué Louis tiene tu celular?- ella enchueca la mandíbula y hace una
mueca. Se está mordiendo el interior de los labios seguramente. Coloca el agua
sobre la estufa y le da vuelta a la llave de gas encendiéndola.
-lo dejé en
casa de Allie- sigo sin entender y se lo hago saber con un gesto –no sé,
supongo que él se lo llevó- rueda los ojos disgustada.
-¿por qué él
querría tu celular?-
-no tengo
idea, ¿para que tenga que ir con él? ¿para molestarme? No sé- se recarga en la
mesa de la cocina de frente a mí.
-¿no crees que
quiera buscar algo?- se lleva una mano sobre la boca; al parecer no se le había
ocurrido que él puede leer sus conversaciones. Qué boba. Ella niega con la
cabeza un momento rechazando la idea.
-no creo que
lo haría- afirma después de un momento –no- vuelve a decir.
-¿de verdad?
Porque yo no creo sinceramente...- el timbre vuelve a escucharse por toda la
casa y hago una cara de confusión pero ella perecía esperárselo. Se encamina hacia allá -¿quién es?- pregunto
tomando su muñeca antes de que salga de la cocina asustado de que haya invitado
a Allie o algo así.
-Harry- obvia
mientras sacude la mano buscando que la suelte y lo hago.
-¿qué? ¿le
dijiste que viniera?-
-vinimos
juntos, él se fue a buscar un lugar para estacionar su coche-. Después de
quitar mi rostro confundido, sonrío levantando las cejas insinuando que traen
algo entre los dos -¿qué?- suelta con disgusto.
-¿son novios?-
-no-
-pero te
gusta-
-¡no!-
-¿quieres
salir con él?-
-¡no! ¡él
quiso venir!-
-sabes que le
gustas, ¿cierto?- abre la boca para reclamar de nuevo pero solo tartamudea,
traga saliva.
-¿y?-
-no eres tan
tonta como para pensar que solo busca tu amistad entonces, ¿verdad?- ella
aparta la mirada y pasa una mano por su cabello. Tomo su barbilla y hago que me
mire, yo clavo los ojos en los suyos. Noto su nerviosismo con una pisca de
preocupación y de repente un tono rojo comienza a pigmentar la parte baja de su
mandíbula. Ver así a Jane es muy raro. –pide un deseo, estás sonrojada-
-¡hey!-
protesta de nuevo escapando la mirada hacia abajo mientras aparta mi mano de sí
como si espantara un mosquito, se da vuelta y me río detrás de ella. El timbre
vuelve a sonar y abre la puerta. –hola- saluda rápidamente.
-hola- le dice
él con una sonrisa, luego mira hacia mí –hola- repite.
-Harry- saludo
con un movimiento de cabeza –voy a cambiarme-. Me voy hacia las escaleras riéndome.
¿Jane? ¿esa es Jane? ¿qué pretende? ¿ya habrá pasado algo entre los dos? El día
que volvieron del súper parecían normales…bien, recuerdo que ella estaba
callada pero a veces así se pone. Veo las cosas que encontré de mi perfecta
exnovia y una punzada de dolor en el estómago. Me concentro en qué puede estar
pasando en la planta de abajo y me pongo mis pantalones negros y cualquier
playera. -¡¿Jane?!- la busco cuando llego a la sala vacía.
-¡en la
cocina!- contesta la voz de Harry por ella, y entro donde están ellos. Jane
abre la puertita de uno de los estantes, se estira para alcanzar una taza y
ponerla sobre la cubierta –yo lo hago- murmura él poniéndose detrás de ella y
saca otras dos. Jane se voltea antes de que él se quite haciendo que Harry la
vea a unos diez centímetros de distancia. Él le sonríe y ella exhala echando su
cabeza hacia atrás repentinamente. Yo me río, haciendo que noten mi presencia.
Harry se une a mi risa, y Jane suspira pesadamente. Tiene los ojos muy
abiertos.
-traje algunas
cosas, quería celebrar San Nicolás- dice recuperando su usual actitud calmada
-okay-
…..
Entre los tres
bajamos del tercer piso el árbol de Navidad artificial que pongo cada año. Lo
montamos y le pusimos las luces. Ahora Jane y Harry ponen los adornos porque la
verdad ya me cansé. Los miro mientras sigo pensando en Allie, ¿qué pasaría si
fuera a verla? Ruedo los ojos pensando que es estúpido, ¿por qué iría si yo la
corté? Jane recoge un ganchito de metal con los que se cuelgan las esferas y
cuelga una de color dorado anaranjado en la parte derecha del árbol.
-¿cómo han
estado los demás, Jane?- pregunto buscando molestar a mi amiga -¿qué dice
Louis?- ella se queda quieta y casi podría escuchar cómo rueda los ojos. Veo a
Harry endurecer la mandíbula pero no se detiene, poniendo otro angelito de
madera sobre una rama.
-¿yo por qué
sabría?- objeta ella con un tono fuerte
-no lo sé,
ustedes son muy amigos ¿no?- aguanto mis ganas de reír y Harry pasa una mano
por el cabello de Jane, colocando una parte detrás de su oreja y mirándola por
un par de segundos después. Ella solo sigue decorando el árbol de Navidad
-el día de San
Nicolás se celebra mucho en Holanda, hacen galletas típicas- comenta cambiando
de tema –se llaman pepernoten-. Harry
sonríe como encantado por lo que ella acaba de decir e intercambian miradas un
momento, ella solo lo ve fijamente con los ojos bien abiertos, pero un momento
después aparece una sonrisa clandestina en la esquina de sus labios.
Cuando
terminamos de poner el árbol, y después de que Jane me dice que deje mi zapato
delante de este, ella pone una bolsita de celofán llena de galletas de jengibre
en forma de estrellas y campanas dentro de mi tenis. Me río y le doy las
gracias.
Después ambos
se van y me recargo sobre la puerta. Las luces navideñas me hacen sentir más
acompañado. Me voy hacia mi cuarto y, decidido, pongo todas las cosas de Allie
dentro de una caja. Me pongo mis botas y salgo para subirme a la camioneta. Siento
mis manos temblar ligeramente mientras conduzco hacia su casa. Casi sin pensar,
voy haciendo el conocido camino hacia allá. Doy vuelta y avanzo una cuadra más
hasta llegar al círculo de casas donde está la de Allie. Estaciono el coche a
lado del de su mamá y me acerco a la casa de ladrillos rojos. Me paro frente a
la puerta y sostengo la caja con sus cosas con ambas manos.
-hola-
practico antes de tocar el timbre –hola- repito con otro tono. –Quería traerte
tus cosas, las encontré hoy- niego con la cabeza, eso suena tonto. Suelto un
suspiro –Allie, estaba pensando…- paso una mano por mi cabello y cierro los
ojos con fuerza. -¿querrías ir a algún lado a hablar?- bueno, supongo que eso
está mejor pero luego tendría que explicar lo de la caja y entonces sonaría
tonto. <<Viniste a pedirle que vuelva contigo después de una semana,
cualquier cosa sonará tonta>> se burla mi propia consciencia. Niego con
la cabeza y levanto mi mano para presionar el timbre, pero en vez de eso apoyo
la mano sobre la pared, a un lado de este. –perdón Allie-. Escucho pasos dentro
de la casa y corro hasta mi coche lanzando la caja a la parte de atrás,
arrancando lo más rápido que puedo.
(narra Jane)
Diciembre 15.
Los últimos
días Harry ha venido a tocar mi puerta, y yo simplemente le digo que espere un
momento para que me ponga zapatos; y me lleva a algún lado. El cine, algún café
por aquí o a su casa a ver alguna película. Sigo yendo con él solo porque sí,
realmente no entiendo por qué le diría lo contrario. No es que me guste, solo
me pone nerviosa saber que yo sí le gusto a él. Fuera de eso, es mi amigo,
supongo. Y es muy buen amigo, siempre se ríe de lo que le digo y me ayuda a
estar calmada porque a veces pienso demasiado todo. Como ahora. Se supondría
que tengo que estar paleando la nieve de mi patio pero el frío me hace querer
quedarme aquí. Veo una película con mis hermanas en la sala, aunque realmente
las dos están embobadas en sus celulares. Alguien toca el timbre, no pienso ir.
-¡pido no ir!-
grita Becca antes que todas
-¡yo tampoco!-
contesto yo –te toca- ambas miramos a Alice. Ella niega con la cabeza aún
viendo su celular
-no, yo
contesté el teléfono ayer- se excusa
-yo lo
contesté en la mañana- argullo con cara de enojo
-entonces le
toca a Becca-
-¿qué te pasa?
Yo ayudé a hacer la comida- se escuda sentada junto a mí con las piernas sobre
mis rodillas
-aagh…- se
queja Alice y va hacia allá sin más. Yo me río y vuelvo a ver la pantalla.
Siempre ponemos Harry Potter, las he visto unas doscientas veces cada una. -¡HEY!
¡Tonta!- me giro hacia atrás donde Alice me mira harta –te buscan en la puerta-
tiro las piernas de Becca al suelo haciendo que se sobresalte y me pongo de pie
-¿quién es?-
le pregunto en voz baja
-Louis- abro
los ojos sorprendida y asustada, pero antes de que se me ocurra qué decir Alice
se ríe diciéndome que no es cierto, provocando la risa de mi otra hermana
también. Ruedo los ojos y vuelvo a preguntar quién es, pero no obtengo
respuesta pues Alice ya se sentó en el sillón con los audífonos puestos, a ver
más YouTube, seguramente.
Voy a la
entrada encontrándome con Harry con una sonrisa, se la devuelvo
inconscientemente.
–hola- me
cuestiono a mí misma mentalmente por qué siempre lo saludo igual; misma
palabra, mismo tono de voz.
-¿cómo estás?-
pregunta él abrazándome, por suerte él no ve mi cara de confusión -¿qué estabas
haciendo?-
-nada, solo…veía
una película-
-¿nos vamos?-
dice tomando mi mano mientras voltea a ver mis pies, no traigo zapatos puestos
-no puedo,
debo mover la nieve- ruedo los ojos e intento retirar mi mano del agarre de
Harry
-te puedo
ayudar- sugiere con una sonrisa. Al principio niego con la cabeza pero luego
pienso que su compañía aligeraría mi trabajo. Suelto un suspiro preguntándome
otra vez de dónde salió Harry Styles.
-bien-
balbuceo aún confundida dejándolo pasar. –voy por una chamarra- aviso mientras
subo las escaleras lo más rápido que puedo
-y zapatos-
añade él desde abajo y me detengo viéndolo desde el piso de arriba
-y zapatos-
confirmo con algo parecido a una sonrisa. Entro a mi cuarto y tomo mi chamarra,
después me pongo un calcetín gris que veo pero no encuentro el par así que me
pongo cualquier otro que está por ahí. Allie suele hacer lo mismo. Tomo una de
mis botas y hago equilibrio en el otro pie para ponérmela
-así que aquí
duermes- comenta la voz de Harry detrás de mí asustándome, haciendo que casi me
caiga. Él se ríe al notarlo –no vengo a matarte, quería ver tu cuarto-
-sí, está
bien- me encojo de hombros, me reprocho el no haberlo invitado a subir desde el
principio e intento repararlo: –es tu casa-. Tomo mi otro zapato del suelo y
vuelvo a hacer lo mismo, dando un par de brincos hasta atinar a mi pie. Harry se
queda viendo las cosas que hay en mi pared y los libros a los pies de mi cama.
-acuarelas- se
ríe tomando el estuche que hay sobre el edredón de mi cama –¿las usas? Yo no he
pintado desde el kínder-. Me aclaro la garganta sin ganas de contestar lo
cierto
-sí- afirmo
frotando mi brazo izquierdo con mi mano contraria –a veces- aclaro dándole poca
importancia. –debí haber recogido- comienzo a tomar rápidamente mis libros y
las libretas de mi cama para apartarlo todo de su vista. Lo llevo todo a mi
escritorio, pero en el camino hacia allá, Harry toma el de arriba de la pila
-¿qué es
esto?- curiosea mientras le da vuelta en sus manos
-no es nada
Harry, ya vámonos- le pido jalándolo del antebrazo, como no me hace caso
intento quitárselo
-¿cuál es?
¿por qué está forrado?- inquiere levantando el libro, cubierto con una hoja de
color rojo tierra, para que no se lo pueda arrebatar.
-Harry, no es
importante-.
-si es un
secreto, entonces lo es Jane- el baja el objeto y me mira fijamente –tu cuarto
está lleno de ellos-. No es cierto, está exagerando las cosas. Mi cuarto solo
está lleno de chatarra y mucha basura que no me atrevo a tirar. Y toda mi ropa,
como siempre. Cualquiera de mis hermanas tiene un cuarto más interesante. Me
limito a mover la cabeza, negando lo que me dice.
-solo son
tonterías Harry- me mira aún a los ojos con deseos de saber pero no pregunta
nada, así que me tranquilizo y lo saco de mi cuarto, no sin antes tomar los
guantes que encuentro de camino hacia la puerta. Juntos vamos hasta la puerta y
él saluda a las dos niñas tumbadas en los sillones. Ambas le contestan con una
sonrisa y, cuando Harry se voltea, me miran molestándome porque supongo que
creen que le gusto. Yo las miro fingiendo tener asco de ellas y me ruedan los
ojos en broma. Salgo detrás de él y saco una pala de la cochera y luego una un
poco más pequeña. Los dos nos ponemos a escarbar el hielo, quitándolo de la
acera.
-¿siempre se llevan
así de pesado?- pregunta mientras sigue trabajando
-¿a qué te
refieres?- sin entender de qué habla, llevo otro poco de nieve del otro lado
del “patio”
-a ti y a tus
hermanas- lo miro incrédula un momento –las vi hace un momento, burlándose de
ti. –sonríe un poco como aguantando una risa -¿Es por mi culpa?- ríe mientras se frota las
manos y vuelve a hundir su pala
-no- busco una
excusa tratando de ocultar mi nerviosismo –es por…uh…- simplemente me quedo en
blanco y cierro los ojos esperando que Harry vuelva a reírse de mí o algo por
el estilo, sí, ahí está su risa
-que gracioso-
suelto un suspiro abriendo mis ojos y volviendo a mi tarea de nieve -¿te da
pena?-
-supongo que
es extraño- me empiezo a poner como tonta –no- balbuceo -¿que me dé pena qué?-
-yo. Que esté
aquí- sigue riendo. En cuanto a mí: parece que tengo cinco años y que nunca he
hablado con un niño. Sacudo la cabeza pensando bien
-¿por qué
haces esto?-
-te dije que
te ayudaría-
-no, no-
aclaro –me refiero a...estar aquí, conmigo. Tratarme con cuidado y…buscarme…-
-porque me
gustas Jane- suele contestar usando mi nombre para acentuar lo que dice –me
gusta estar contigo- se encoje de hombros y me sonríe. Camina hasta mí y me
quedo inmóvil, con miedo de que vaya a besarme de nuevo. Pero pone su pulgar en
mi ceño y lo “arregla”.
-gracias-
suspiro humildemente, Harry no me parece natural…o tal vez me parece demasiado
natural. Pensando en eso, vuelvo a arrugar las cejas y él repite la acción
anterior, yo le agradezco por segunda vez y miro mi herramienta entre mis
manos. Me pongo a palear la nieve y Harry me imita. Unos minutos después,
siento una rociada de nieve y me volteo incrédula hacia Harry quien me mira
divertido. -¡hey!-
-¡hey!- se
burla fingiendo mi voz. Me enojo en broma y le devuelvo la nieve con ayuda de
mi pala. Pronto los dos estamos lanzando nieve y corriendo de un lado para
otro...
Después de
unos cuarenta y cinco minutos de jugar, y platicar -sobre todo de la casa de mi
abuela que está llena de adornos minuciosos por todas las paredes de cosas que
compró en sus viajes cuando era joven (no tengo ni la menor idea de cómo
terminamos hablando de eso, Harry solo seguía preguntando) el viento frío se
siente cortante contra mi cara y me encojo un poco en busca de calor, mientras
los dos nos reímos. De repente la mirada de Harry se escapa y noto una basurita
dentro sus ojos, se llama tristeza. Sigo el camino de su vista, me conduce a la
casa de cierto castaño, mi vecino. ¡¿Harry está triste por culpa de él?!
Comprimo mis dos filas de dientes, una contra la otra más enojada con Louis.
-aún te gusta-
la voz de Harry suena herida
-no-
-no te lo preguntaba…pero
no te preocupes, no es tu culpa-
-Harry, él no
me gusta- declaro mientras camino hacia él
-Jane, no
intentes hacerme sentir bien ¿está bien? Da igual- aún no deja de palear la
nieve y yo lo tomo de la mano, está tibia. Él me voltea a ver con pesadez
–explica tu actitud los últimos meses entonces-
-ya no me gusta- remarco las primeras
palabras esperando que me crea, suelto un suspiro con una tonta mirada
anhelante. Harry hace que me sienta segura, no quiero que se vaya. –Harry…-
pronuncio lánguidamente. Su sonrisa es condescendiente, no me cree. Vuelve a
mirar el suelo y mover nieve. Sin saber qué hacer, trago saliva y, confundida, regreso
a lo mismo que él. Vuelvo a donde estaba con el corazón acelerado de enojo.
Idiota Louis, no solo no me hizo caso, ¡¿ADEMÁS ALEJA A HARRY DE MÍ?! (Me
sorprendo con ese pensamiento y me sonrojo un poco). Vuelvo a clavar la pala
con ira y siento dolor en la palma de mi mano derecha, tal vez la estoy
sujetando demasiado fuerte. Me detengo y paso la mano izquierda por mi cabello,
frustrada. Harry no se merece esto. Exhalo mi rabia y vuelvo a enterrar la pala
en la nieve tan fuerte como puedo, ignorando el dolor palpitante en mi mano.
-Jane…- a
Harry le tiembla la voz, me volteo preocupada y él viene rápido hacia mí. ¿Qué
anda mal? Después de poner su mirada en el suelo, levanta la vista hacia mí y
me arrebata la pala lanzándola a un par de metros. Volteo a ver la nieve confundida.
Está roja. Desconcertada, siento la preocupación en la garganta y veo mi mano.
Tengo una cortada profunda atravesando mi mano de izquierda a derecha, <<¿Acaso
puedo ser más tonta?>> -¿te duele?- niego con la cabeza y Harry cierra mi
mano para darle un beso –ven, te lavo-. Me jala dentro de mi casa y caminamos
al baño. Él abre la llave y coloca mi mano debajo del chorro de agua
-¡¿qué
pasó?!- escucho la voz de Becca quien aún
está en donde antes
-¡la boba se
cortó!- miro a Harry dolida por su comentario, pero se está riendo –es juego-
ríe dejando que el agua lave mi herida, llevándose la sangre. -¿tienes
alcohol?-. Contesto que sí y busco en el anaquel debajo del lavabo. Saco la
botella y una gasa, y le tiendo la primera. La abre y, con cuidado, vierte un
poco. Hago una mueca de dolor y acaricia mi mano con su pulgar. Rasga el
empaque de papel de la gasa, yo suelto una risa sintiendo un déjà vu, ya
habíamos pasado por esto, ¿no? -¿Qué tan seguido te lastimas?- se burla
irónicamente, yo me río sintiéndome tonta
-no tan
seguido como últimamente- le aseguro –perdón-
-no te
disculpes, me haces sentir importante-. Suelto un suspiro al tener de vuelta al
Harry de siempre. Incluso me sorprendo a mí misma cuando mi cuerpo choca contra
el suyo en un abrazo iniciado por mí. Él lo toma por sorpresa pero un momento
después siento que pone sus manos alrededor mío. Yo entierro mi cara en su
sudadera, se siente bien que te quieran de vuelta del mismo modo… Tal vez por
eso me siento tan calmada con él junto a mí. El fondo de mente se preocupa por
ese pensamiento pero tal vez sí me gusta Harry, y ya me da igual.
-uhh…- cuando
giro mi cabeza veo a mi hermana parada junto a la puerta -¿qué te pasó ahora?-
-¿ahora?- una risa
de fondo en la voz de Harry mientras me separo de él, mostrándole mi palma a
Becca, quien parece intentar decidir entre rodar los ojos o reírse de mí
-estás bien-
se resuelve tomando mi mano y dándole una ligera palmadita a la herida, la
perforo con la vista al sentir cómo me arde la cortada.

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